martes, 16 de marzo de 2010

¿COINCIDENCIAS DE LA ÉPOCA?

Quiero atreverme a una especulación: en la contemporaneidad hay dos grandes “coincidencias” y una “oscilación”, que definen o al menos describen problemas acuciantes de supervivencia humana e institucional.
La primera coincidencia es entre la seguridad energética de los países desarrollados y la necesidad de disminuir el calentamiento global.


Los países desarrollados –en especial EU- tienen necesidad de seguridad y autonomía energética, para poder devolverle a sus ciudadanos libertad (hoy, en alto grado, sus vidas dependen del poder “ajeno” del petróleo) e independencia y poder de negociación a sus economías frente al monopolio energético externo.
Lo particular de la época es que esta necesidad coincide con otra gran necesidad natural y social que tienen esos países y el mundo: contribuir a rebajar el calentamiento global; sabiendo como sabemos que son esos países los responsables principales del mismoSi sus estados fuesen consecuentes, deberían trabajar para rebajar el individualismo del consumo competitivo, que es la base del consumo suntuario. Y trabajar por rebajar el consumo y la participación del petróleo y del carbón dentro del conjunto de sus recursos energéticos. Requerirán estimular mucho más la ciencia y la investigación para obtener sustitutos energéticos limpios para el medio ambiente; producir nuevos materiales livianos al tiempo que resistentes, de tal suerte que hagan más eficiente la relación energía/producción-movilización. En una palabra, se necesitaría que la ciencia de esos países se centre en producir una revolución energética..
Entonces, el reto allí es triple: 1.- Tener una nueva economía-política que estimule la responsabilidad en el consumo, frente al individualismo competitivo; 2.- Lograr un reimpulso material a la libertad para que el cambio científico permita un desarrollo tecnológico para una relación nueva energía/movimiento y por tanto, 3.- Priorizar las “urgencias” civiles del desarrollo en cambio de la concentración que hoy tenemos de sus estados en el fortalecimiento del poder militar. Habría que desligar la ‘revolución energética’ de la pretensión de recolonizar los países con recursos energéticos tradicionalesCreemos que esta “coincidencia” en los países desarrollados, entre estas dos necesidades tendenciales (obtener la seguridad energética y rebajar el calentamiento global) no encuentra aún expresión dominante en las políticas de sus Estados. O se traslapan en las urgencias del día a día.
La segunda coincidencia podríamos plantearla así: los principales, por más usados, recursos energéticos (petróleo y carbón) están concentrados en países de relativo o bajo desarrollo económico-social e institucional lo que estimula que se den o se vuelvan estados absolutistas o autoritarios.. La generación de riqueza en esos países está marcada por la dependencia de las rentas extractivas. La capacidad transformadora de esos recursos en empresas generadores de nuevo valor o lo que es lo mismo, en diversificación industrial y de empleo es prácticamente nula. El ingreso de la explotación de los recursos energéticos sostiene el conjunto de la ciudadanía. La renta nacional se produce, casi que absolutamente, a partir de un grupo de trabajadores (que se hacen necesariamente una aristocracia).Por tanto, resulta tendencial que su propiedad se monopolice por grupos familiares o por los propios estados. Si la propiedad se monopoliza, necesariamente se tiende a una “cultura” del absolutismo: la baja diversidad económico-social “coincide” con una cultura y un estado “fundamentalista” ya sea clerical o político. La democracia no les resulta útil. Su absolutismo choca con la democracia, pues ésta aparece superflua para el desarrollo económico y para la movilidad social.
La movilidad social ya no será producto del crecimiento-redistribución de nuevo valor, ni de la acumulación de capital humano por la educación, sino que se traslada a la inclusión que logren algunos individuos en la economía rentística o lo que es peor, en el usufructo del poder que patrimonializa individualmente la riqueza nacional o parte de estas rentas. La corrupción resulta “natural”. (Valga anotar que Colombia transita de un modelo de economía diversificada, de creación de valor a un modelo de economía extractiva)
Igualmente la necesidad de la ciencia les resulta superflua a estos regímenes. Sabemos que sin libertad no hay campo para la ciencia, pues la controversia, necesaria a la libertad de pensamiento, incomoda. La libertad se vuelve inconveniente por no ser apologética del régimen y de la privatización de la renta nacional al servicio y en beneficio de la burocracia que sustenta a ese estado que se confunde con el tiranooscilación, la política no sólo exterior sino interior, de un gran número de países del mundo que van desde la coincidencia entre democracia y dependencia energética al otro extremo de autoritarismo y abundancia de recursos energéticos. E igualmente como oscilante, su estrategia frente al cambio climático y a la sustitución necesaria de los actuales recursos energéticos del petróleo y el carbón.
¿Y la “oscilación”? Pues quisiéramos atrevernos a presentar como una
Se podrá argumentar que China contradice esta descripción. Su régimen absolutista coincide con su alta dependencia petrolera y del carbón. También del lado de la otra coincidencia está Noruega que con abundancia petrolera tiene tal vez una de las democracias más sociales y libertarias del mundo. “Salvaríamos” la descripción recurriendo al aforismo de que toda regla tiene su excepción.
Pero no. En el caso de China su régimen político coincide con otro monopolio: el de la mano de obra barata, casi que en condiciones de un moderno esclavismo. Y esto tiende a generar la misma dinámica absolutista. Además su politica exterior la lleva a coincidir con las tiranías petroleras. Y su resistencia a los compromisos frente al calentamiento lo apuntala en sus aspiraciones de nacionalismo imperial. Noruega sí nos rompe el esquema.Redondeando: La democracia, parece sacrificada o seriamente amenazada en los países ricos en recursos energéticos fósiles. O a punto de encallar en “guerras” o acciones terroristas que se presentan, por unos como de religiones y por los menos, como de liberación nacional anti imperialista.
En esos estados tiránicos de monopolio energético, la democracia no sólo se ve como inconveniente sino que aparece como “importación subversiva” desde los países que necesitan romper ese monopolio energético. Y por allí se cuela el fundamentalismo. De cualquier tipo, que sostiene financiera y geográficamente a muchos de los grupos terroristas. También en los países de la primera “coincidencia”, los desarrollados, los nuevos esfuerzos democráticos y ecológicos -que asumen la juventud y los sectores más cultivados de la población- todavía resultan rebasados por las corporaciones. Son apabullados por la publicidad que impone el consumo competitivo individualista. Aquel que despilfarra los recursos energéticos. De allí su actitud internacional agresiva muchas veces recolonizadora, que se presenta como “Choque de civilizaciones” y que estimulada por la presión competitiva, busca la “vía fácil” dé una “ocupación” que resuelva el monopolio energético de los estados absolutistas.
Si el desmedro democrático se impone por las agresiones terroristas a EU o Europa o porque la crisis energética se pretende resolver por la “ocupación”, si a Obama lo vence la ‘unidad de acción’ del terrorismo con la ultraderecha republicana, ese desmedro se traduciría, no sólo, en déficit para la convivencia en paz, en déficit de humanismo, sino en perdida científica, verdadera plataforma del futuro. Se perdería el énfasis y la concentración necesarios para que el desarrollo científico posibilite la revolución verde energética que el mundo demanda.

PAREMOS LA MUERTE EN ISRAEL Y PALESTINA


Dividir la humanidad entre el Islam que atentaría contra los valores de occidente y la visión judeo-cristiana que preservaría la democracia, sólo ha servido para llenar de dolor y muerte la civilización que se pretende defender. El conflicto Israelo-palestino es una derrota de la democracia: si el nacionalismo israelí –todo nacionalismo es excluyente- sigue primando en el Estado, no encontrará sino, como contrapartida, el fundamentalismo Islámico y a la larga, la derrota de la esperanza que tienen los judíos de vivir en un Estado donde puedan compartir con otros, árabes, musulmanes o no y cristianos. La democracia contemporánea demanda el Estado Laico pluricultural, plurietnico, en perspectiva de integración.

Fueron pensadores en la ‘libertad polémica del original judaísmo’ quienes contribuyeron a la esperanza de un pensamiento universal y no de casta religiosa. Es Daniel Barenboim quien a punta de música, lucha por la interculturalidad de judíos y palestinos, acompañado del pueblo israelí que padece la ‘hegemonía de minorías’ de los “partidos ortodoxos”, parásitos sociales, que condenan al pueblo judío al aislamiento y en cierta forma al resentimiento de otros pueblos del mundo.
¡La minoría militarista del Estado de Israel puede anegar en sangre el desierto palestino, pero de allí no germinará nada más que la muerte…y la derrota estratégica del Estado de Israel!
Lo único racional para Israel es prohijar el Estado Palestino, y la integración con los demás Estados para el desarrollo del Medio Oriente. Si la perspectiva es la guerra, los judíos van a ser apabullados por una mayoría de fundamentalistas islámicos sin Estado, que crece a lo largo del tiempo, dentro de Israel y fuera de él, apabullados no sólo por su número sino por su extremismo fundado en la privación del elemental derecho a su propio Estado.
Pero esa perspectiva del fundamentalismo neoconservador y de judíos ligados al capital financiero en los propios Estados Unidos, ha empezado a ser derrotada, primero porque su modelo económico hizo crisis por la insostenibilidad de la guerra como generadora de nuevo valor; segundo porque el mundo de la información “sabe cada vez más aceleradamente” y hace crisis la exacerbación del miedo para el control cultural y del poder, de allí la victoria de la esperanza; y tercero porque una guerra basada en la mendaz idea del choque de civilizaciones, tenía que conducir a esta encrucijada: no es posible criminalizar a ningún pueblo: la cultura árabe, para empezar, dio al mundo el pensamiento matemático, aunque conviva con formas atrasadas y rituales del islamismo, tal como la ciencia occidental ha tenido que sobreponerse al atraso religioso que desde Bush y el Vaticano se impone ante las investigaciones en ‘Células Madres’.
La razón reclama la solución del conflicto Israelo-palestino como ‘cuota inicial’ de la democratización de las dinastías corruptas y violentas del mundo árabe, que sólo serán derrotadas por el camino del desarrollo social, del “bombardeo” de información, cultura y de la articulación en una inclusión universalista, que respetando su contribución cultural, produzca además del “comercio”, un “mercado” de nuevos valores. No se puede seguir cohonestando con la crítica fundamentalista al islamismo, al mismo tiempo que se mantienen, sin ningún pudor moral por las grandes corporaciones económicas, las castas fundamentalistas y la miseria de los árabes. Se requiere romper paradigmas como ya ha empezado a suceder con la elección de Barack Hussein Obama, elección que la minoría militarista de Israel. enfrenta con una situación de hecho: masacra palestinos y estimula a Hamas.

Con seguridad mis tías y primos que viven en Israel han de decir que pienso así porque estoy en una América segura, y a los tíos ‘partisanos’ que murieron luchando contra Hitler les daría vergüenza que algunos judíos utilicen métodos de exterminio masivo de civiles indefensos para matar ‘un’ terrorista: ¡la guerra como método es obsoleta y ésta en particular está perdida!

CÓMO ESTÁN LAS APUESTAS DE LOS CANDIDATOS

A finales de febrero estaremos llegando a la clarificación de la confusión y la incertidumbre política en que hemos vivido durante todo este último gobierno. No son muchos los países que se permiten llegar hasta un mes antes de renovar su Congreso, con una confusión tan deleznable para su democracia. Sí será en febrero, pero ya el nudo empezó a desenrollarse. Los “jugadores” –explícitos e implícitos- se han puesto en sus marcas. Y como aquí en Colombia se sigue jugando a que el ganador no sea sino uno, nadie juega para nadie. Las candidaturas son, más que de partido, personales.

.Ningún partido ha estructurado una campaña donde sus miembros todos se estén jugando por su candidato. Los candidatos no se perfilan como representación de intereses, sino de su propia luminosidad. Nadie actúa en función de un partido en representación de intereses ciudadanos y por tanto no hay hambre de poder de partido En el partido Liberal, que mostró más cohesión, escogiendo un candidato único, sus precandidatos derrotados no acompañan realmente a Pardo y su capacidad de convocatoria empieza a diluirse.

Ni que decir del partido de la U o del Conservador, donde la razón de existencia de ¿dos? diferentes pero idénticos partidos es para obtener la mejor bendición del “Príncipe” y aventajar al otro en contratos públicos y burocracia estatal. ¡El que menos partido tiene es Uribe! Ni para darle continuidad a la seguridad, que según él, es la razón de su porfía.

Del Polo ni se diga. Ya es difícil saber de su existencia como partido. En vez de representación de intereses ciudadanos, lo que allí abunda es una pléyade de “nuevos” personalismos buscando cada uno asegurar su clientelita. La verdad, “muchos caciques para tan pocos indios”. El partido Verde se quedo biche: no pudieron esas tres luminarias, que compiten en mesianismo con Uribe, hacer de esa pequeña y extraña armazón de Opción Centro algo creíble.

Todos los partidos están actuando no para diferenciarse y ofrecerle al ciudadano alternativas dentro de la democracia, sino para buscar como parecerse en la pretendida seguridad, en el caudillismo y el autoritarismo. Quedamos reducidos al “ideario” y a los intereses del Uribismo, que copó todo el espacio político. Por eso sería bueno hoy hablar de algunos movimientos dentro del Uribismo, que como el Stalinismo en el régimen soviético, es hablar de todo el sistema.


El principal competidor a Uribe aparece, entonces, dentro de su mismo equipo, Juan Manuel Santos. Y Uribe empieza a correr principalmente contra él. Santos se declara reeleccionista, pero ruega en silencio -no propiamente por constitucionalista- que la Corte Constitucional cumpla con la defensa de la Constitución y de la alternancia. Empieza a sacar su artillería. En El Tiempo los protagonistas civiles de su sucesión, Gabriel Silva su Ministro sucesor y Sergio Jaramillo su Viceministro, coinciden hasta en el día de sus declaraciones y en el despliegue que se les concede.


De sus ¿publi? reportajes se puede extraer, que abogan por una mayor influencia política de la Fuerza Pública, en particular del sector más afecto a Santos, al que se atreven a mencionar con nombre propio. Tienen la fortuna de que es el sector menos implicado en los ‘homicidios de personas protegidas’. Estas menciones, inéditas en el cercano pasado, pueden contribuir a resentir aún más la Fuerza Pública, ya de suyo bastante dividida.

La politización de la Fuerza Pública no sólo es riesgosa en una sociedad polarizada donde “el que no está conmigo, está contra mí”, sino que puede estimular a ésta a sentirse con más posibilidades de marcar derroteros políticos de los que ya impone. Es jugar con fuego.

JM Santos y los protagonistas civiles del Santismo son también los más duros acusadores a Chávez de ser el nuevo jefe y adalid de la guerrilla de las Farc y el Eln. Más que información comprobada, el trasunto también podría ser jugarle a Uribe en su propio terreno: mostrar que frente al miedo que genera Chávez en los colombianos y en el exterior, hay un hombre tan fuerte o más que Uribe y que cuenta con un indiscutible apoyo de la Fuerza Pública y más…, de Estados Unidos. Lo difícil en esta estrategia electoral es cambiar el imaginario popular donde Uribe sigue siendo el único contradictor-combatiente de Chávez

Ni por un momento nos confundimos con el Chavismo. Sabemos que la tensión se debe más a la vulgaridad, intemperancia y tolerancia de Chávez, que al papel de Colombia en la región. Pero responder con la misma estrategia “de extrema tensión” tiene varios riesgos.

Primero, tiende necesariamente a hacer depender la solución del conflicto interno de la “solución al Chavismo” pudiendo eternizar el conflicto como en el Medio Oriente, y segundo, los movimientos de batallones a la frontera juegan con un ‘contrario impredecible’, de comportamiento bipolar, que de tener respuesta en algún roce militar cambiaría todo el panorama político y electoral sin beneficio alguno para Colombia.

Luego el equipo de Santos aquí también jugaría, tocando el fuego. En ese eventual terreno, sólo Uribe podría capitalizarlo, rompiendo sin costos las formalidades y calendarios democráticos electorales.

Santos como jugador tiene suerte. Después de “Jaque” no ha habido éxitos rotundos de la Fuerza Pública y sí, más bien, algunos actos efectistas de las Farc, que por su crueldad, las ponen nuevamente en el escenario. Se podría concluir que esto favorece a Uribe pues su programa de gobierno ha sido liquidarlas. Pero ya vamos para ocho años de Uribe y la terminación del conflicto y de las Farc se ha ‘amorcillado’. Santos jugaría a que el recambio puede ser deseable por la opinión.

Para redondear. La competencia de Uribe y Santos -en el terreno de quién privilegia más la seguridad y la “extrema tensión”- se da en un terreno movedizo. Las variables sociales nacionales siguen deteriorándose y el comercio internacional se presenta incierto: el deterioro puede llegar a ser más fuerte que el “miedo al Chavismo”.

Las principales preocupaciones de los ciudadanos, el empleo, la corrupción pública, la pérdida en la equidad social, en la situación económica, el cierre de industrias y el futuro del comercio regional, etc., no se pueden sortear por tiempo indefinido con la “tensión extrema”. Ni con las redes “uribizadas” de ‘familias en acción’. El déficit presupuestal, en una recesión de recuperación lenta, como todos los economistas prevén, hace insostenible las dádivas a los sectores de extrema pobreza, pues prolongaría extremadamente la recuperación.

Y además, si la democracia no brinda efectivas opciones, entonces, se hace más indiferente y deleznable para el ciudadano, como efectivamente están mostrando todas las encuestas sobre Colombia. Tal vez no ahora, pero agotada la democracia, la estrategia de “tensión extrema” podría terminar contribuyendo a un ‘escenario de futuro’ que puede ser un salto del péndulo de un extremo a otro: el de la destorcida a la manera Chavista. Como dice el poema de La Perrilla, “…en más de una ocasión, sale lo que no se espera”.


Una alternativa más cierta para ‘el establecimiento’ estaría en que el liderazgo nacional y del empresariado del sector real, movilice a los estratos 3, 4 y 5, que votan más que los uribistas de los estratos 1 y 2, en procura de una transición controlada, con un candidato que les de confianza y que tenga credibilidad. Este puede ser Santos “re-centrado” o Pardo o Fajardo o Vargas Lleras y aún el mismo Petro.

UNA APROXIMACIÓN A CÓMO PREDOMINÓ LA DERECHA EN COLOMBIA


Precisar los apalancamientos de la derecha es encontrar los elementos a superar para lograr construir una política democrática de amplio espectro político y social: Ya es un lugar común señalar que Uribe aprovechó el temor ciudadano que veía una guerrilla -que ella misma y la derecha hicieron aparecer más allá de sus propias posibilidades- como amenaza a la sociedad y al Estado.

Frente a un Estado que aparecía fallido o al menos perdido en su respuesta a la violencia desmadrada de todos los actores, paramilitares y guerrilleros, la ciudadanía se refugió en la derecha política que prometía, con una salida de autoridad y fuerza, el orden y la seguridad que se entendía como la derrota de los actores violentos.

Así como los neoconservadores en EU reeligieron al petardo de Bush exacerbando el miedo al terrorismo, la derecha y muy particularmente Uribe candidato y Presidente, superlativizaron el riesgo de las Farc y colocaron el temor por encima de la razón y la experiencia. .

Tanto el centro como la izquierda han abandonado la seguridad ciudadana como asunto público, como prioridad del Estado y de todos los ciudadanos y no propiedad de la derecha. Por ese abandono cedieron primero las capas medias y luego, toda la ciudadanía a la derecha autoritaria. Los ciudadanos, al sentirse inseguros, prefieren a cualquiera que aparezca fuerte y aún autoritario, no obstante cueste en la perspectiva del desarrollo y de la democracia, a alguien que les parezca débil aunque tenga la razón y la ‘fuerza tranquila’.

Una segunda aproximación al porqué del éxito de la derecha, muestra que el Presidente Uribe ha acompañado el ‘discurso del miedo’ con el relanzamiento de los valores religiosos católicos, en reemplazo del carácter laico del Estado que promueve la Constitución. Lo hace como discurso explicito, al mismo tiempo que promueve los valores de un mundo dominado por la especulación dineraria, cuestión que no sólo aquí sino en el mundo, promueve la derecha al poner por encima de cualquier consideración la preeminencia de los rendimientos del capital: estimula como máximo valor y razón última del éxito la acumulación. Pero para hablar en términos religiosos, la adoración al ‘becerro de oro’ rebaja todos los niveles éticos, no sólo en la economía, sino aún los necesarios al equilibrio ecológico.

Uribe y la derecha han usado los valores religiosos como envoltura del discurso del miedo y de la defensa del conservadurismo político y ético. Al tiempo que priorizaban la defensa de la propiedad de los grandes ricos, aún siendo laxos frente al enriquecimiento ilícito, hacían aparecer estos “valores plutocráticos” como los valores de toda la sociedad, en una sociedad de desposeídos o de poseedores de algo más que su propia vivienda. El Estado comunitario se nos presentó como el ‘Estado de todos propietarios’.

Pero la realidad, siempre tozuda, ha puesto de cara al mundo y a la ciudadanía colombiana, la quiebra de esos paradigmas y el empobrecimiento acelerado por la especulación y la concentración de la riqueza. La ausencia de Gobierno y Estado “frente a los pregoneros de milagrerias y loteadores de paraísos y nirvanas”, que desde las pirámides trocaron las ilusiones de los pobres en nueva miseria y frustración, empieza a romper el idilio con el gobierno de la derecha.

Justamente esa “ausencia de Estado” ha sido un tercer factor de predominio de la derecha del Presidente Uribe. Vendió la idea de que trabajaba por un Estado eficiente. En una sociedad estragada con los políticos y la corrupción pública planteó la necesidad de adelgazar el Estado: redujo ministerios dedicados a la actividad social y creció los aparatos de seguridad y los grandes negocios para los contratistas del Estado. El resultado, la ausencia o presencia débil del Estado en la regulación de la vida económica: Débil para la redistribución del ingreso pero, grande y fuerte para que dé seguridad al mundo de los negocios, “el mundo de los propietarios”.

Si es bien cierto que un Estado grande favorece la corrupción pública, también es más cierto que en el mundo del dinero y los negocios, cuando no hay regulación estatal, prima la corrupción privada que es generalmente mucho mayor y que se lleva por delante la confianza, el dinero de las gentes y siempre el patrimonio público, como se está viviendo y comprendiendo con la crisis actual del capitalismo mundial y en la profundización de la corrupción a niveles nunca vistos en el régimen del Uribismo.

Por último, al predominio de la nueva derecha que encarna Uribe le es necesaria la polarización de la sociedad y la política. Se construye una gobernabilidad autoritaria que demanda un ‘Gobierno del miedo’ para una seguridad excluyente: descalifica de “aliados del terrorismo” a todo aquel que no esté de acuerdo con el régimen. Para mantener su “sustentación” popular hace de la exclusión de las minorías políticas una precondición de la gobernabilidad y para ello se arropa en el peligro terrorista o en criterios religiosos

Este presupuesto pretende fracturar la unidad social necesaria a todo proceso democrático: así la sociedad no alcanza a ser ni una sumatoria de minorías y debe ser presentada en la particularidad. Una cosa son los indígenas, otra los corteros, otra las capas de empleados del Estado, etc. La coincidencia de los movimientos sociales no es producto de la perdida de condiciones de vida sino del ardid complotista.


Las diferencias propias de las distintas opciones de oposición no pueden entonces convertirse en coyunturas para que la derecha uribista siga apalancándose. Los personalismos de algunos dirigentes han de ser superados en la brega por un consenso democrático.

lunes, 15 de marzo de 2010

¿QUIÉN LE DIO HEGEMONÍA A URIBE?


Es un lugar común señalar que Uribe aprovechó el temor ciudadano a la guerrilla para que el país se refugiara en la derecha política que prometía seguridad, entendida como la derrota por la fuerza de los actores violentos. Así como los neoconservadores en EU reeligieron a Bush exacerbando el miedo al terrorismo, Uribe, candidato y Presidente, ha superlativizado el riesgo de las Farc para asegurarse como mayoría.

Pero esa hegemonía no se debe solo a él. Tanto el centro como la izquierda abandonaron la seguridad ciudadana como asunto público, como prioridad del Estado, “entregando” la ciudadanía a la derecha autoritaria. Si no hay una fuerte y clara política de seguridad, los ciudadanos se refugian en el que aparezca fuerte, aún autoritario, no obstante los costos en desarrollo y democracia. Si quien le compite aparece débil ante la ciudadanía, aunque tenga razón les resulta asistido en una ‘fuerza demasiado tranquila’.

Otro factor que el Presidente Uribe usa para su hegemonía es envolver el ‘discurso del miedo’ en el relanzamiento de valores religiosos católicos, escamoteando el carácter laico del Estado que establece la Constitución.

Pero aquí vale tener cuidado para no correr el mismo riesgo de ceder a la ultraderecha los valores religiosos humanistas, en un país de mayorías religiosas. Si bien Uribe hace de la confesionalidad el discurso explicito, promueve en realidad valores de un mundo de especulación dineraria: debilidad de Estado para la regulación y el equilibrio económico y uso preeminente de la fuerza para el tratamiento del conflicto. La resultante: una moderna adoración al ‘becerro de oro’ que rebaja todos los niveles éticos, no sólo humanos, en la política y en la economía, sino aún los necesarios al equilibrio ecológico.

Uribe usa expresiones religiosas, pero asordina la crítica religiosa a la violación de los derechos humanos, a la agresiva concentración de la riqueza, la crítica a su actitud laxa ante el enriquecimiento ilícito de los que usaron a los paramilitares para acrecentar sus fortunas. Y ni qué decir de su “ausencia” ante “los pregoneros de milagrerías y loteadores de paraísos y nirvanas”, que desde las pirámides trocaron las ilusiones de los pobres en nueva miseria y frustración.
Paradójicamente esa “ausencia de Estado” ha sido otro factor del predominio del Presidente Uribe. Vendió la idea de que trabajaba por un Estado eficiente. En una sociedad estragada con la politiquería y la corrupción pública planteó adelgazar el Estado: redujo ministerios dedicados a la actividad social, al tiempo que creció los aparatos de seguridad y los grandes negocios para los contratistas del Estado.

El resultado, la presencia débil del Estado en la regulación económica, en la redistribución del ingreso e hipertrofiado en la seguridad para los grandes negocios. Es cierto que un Estado grande favorece la corrupción pública, pero también es cierto que el mundo de los negocios sin regulación estatal favorece la corrupción privada que es generalmente mayor: dilapida la confianza, el dinero de las gentes y el patrimonio público, como se ve en la crisis actual.

El predominio de esa gobernabilidad autoritaria necesita la polarización de la sociedad y la política: descalifica de “aliados del terrorismo o de tontos útiles” a los que plantean una salida diferente, fracturando la unidad necesaria a todo proceso democrático: la coincidencia de los movimientos sociales, por la pérdida de condiciones de vida, les resulta un ardid o complot de “los terroristas o sus aliados de civil”. No obstante hoy la opinión pone el énfasis en las aspiraciones de carácter económico-social y la crisis mundial y nacional pone a prueba la capacidad de los líderes, que se conocen en las dificultades. Precisar en qué se ha apalancado la derecha puede ayudar a construir una política democrática de amplio espectro político y social que dé salida a este Gobierno de agenda agotada.


EL DERRUMBE DE LAS PIRÁMIDES Y LA UNIDAD NACIONAL

El derrumbe de las pirámides que afectó mucho más en los departamentos del sur del país, amenaza con hacer de la diferencia geográfica el principio de una fractura de la unidad nacional. Esta crisis social que llegó a estos extremos, por falta de un Gobierno centrado en los verdaderos desafíos del Estado, podría originar agrietamientos como los de algunos países de América Latina, donde soplan vientos de disgregación de la unidad política. En Colombia esas circunstancias tienen en el narcotráfico y en las organizaciones armadas ilegales su multiplicador.


Encandila al mirar cómo los ciudadanos del sur empeñaron, más que sus dineros, la confianza social en DMG. Esa confianza casi ciega va acompañada de una desconfianza frente al Estado. Es un desafío desentrañar cómo se construyó esa confianza. La explicación que se está ofreciendo por el Gobierno y los medios, genera más interrogantes que soluciones de cara al futuro de la unidad nacional y en la lucha contra la corrupción.

Se argumenta que se construyó a partir de pagar los “dividendos” con el lavado de los dineros del narcotráfico. Algunos ‘non santos’ empresarios e importadores han usado el lavado de activos de tiempo atrás. La cuestión ahora es que esta triangulación parece que se popularizó involucrando a millones de pobres.


¡En Colombia todo es grave pero nada es serio! Por eso se mira con poca atención la cara oculta de estas explicaciones que harían aún más incierto el futuro de la lucha contra la corrupción y el narcotráfico. Al tiempo que la economía legal, hasta ahora, ha generado más concentración y exclusión que democratización, la economía ilegal del narcotráfico habría empezado a “distribuir el ingreso” “capitalizando” y redistribuyendo beneficios en las pirámides. Estaríamos asistiendo no sólo a la “democratización” del creciente número de narcotraficantes, sino a la “democratización” también del ingreso social ¿Cómo seguir sosteniendo eficazmente en ese terreno social la lucha contra el narcotráfico y no perder la capacidad del Estado para mantener la unidad política y social?


Si así es, la “guerra al narcotráfico” estaría doblemente perdida: desde el punto de vista de la seguridad, porque el narcotráfico ya no sólo reciclaría bandas armadas como forma de territorializarse, sino que se estaría perdiendo en la economía y en la cultura de las gentes al entrar a competir fuertemente por la inclusión de los sectores informales haciéndolos ‘sujetos del crédito y de la redistribución de ingresos’.De muy poco servirían los justos reclamos éticos, ni acusar de codiciosos a los menesterosos: la ética es un desarrollo de la supervivencia. Menos si son hechos desde un Estado complaciente y desde un Gobierno obcecado en la guerra y sus negocios. En la Fuerza Pública hay sectores que literalmente matan jóvenes de esos estratos para ganar recompensas, crímenes que han quedado cubiertos en este espectáculo sobre DMG.

Resumiendo. Estas explicaciones son más preocupantes que satisfactorias. Esconden el verdadero asunto: la falta de una economía y Estado para la redistribución del ingreso y las oportunidades, al tiempo que el Gobierno del Presidente Uribe sigue jugando al caudillismo vacuo de ‘insustituible’ y brilla por su falta liderazgo. Más allá de un efectivo comandante de la Fuerza Pública, necesitamos un nuevo Jefe de Estado para descentralizar el desarrollo.

HOLA DOÑA MARLENE

Hola doña Marlene: permítame este trato de confianza. Ud. no me conoce pero yo a usted sí, por sus escritos y ahora por ese tremendo, desgarrador y bello poema de ECTÓPICO. Ud. no puede despedirse, Ud. no puede irse, Ud. nos alimenta críticamente con sus análisis. Ud. nos pertenece desde cuando nos exigió anteponer la razón frente al prosaico e indolente proceder del "poder de los pudientes" y abrir el noble sentimiento frente a la debilidad agredida de los desposeídos. Nada la podrá apartar ahora de nosotros. No hay enfermedad capaz de doblegar las almas indómitas que anidan de una estrella a otra y que, como en las Fugas de Bach saltan en corcheas y semicorcheas, en fusas y semifusas de una melodía a otra, para que en Contrapunto, nos entreguen la armonía del Universo. Le deseo un corto 'ir y venir' para que su electrónica compañía nos siga demandando y acompañando.

Ectópica

Habitante de una rosa, radiante
Entre la interminable cópula, he figurado
Al humano creador, dualidad
Terrícola y sideral (y no lo sabe).

Tuve culpa frente a mi poder,
Y la luz divina que me engrosa
Fue también mi feroz enemiga.

Desde esta misma ventana, compañera
Paralela, añoré mi lejano origen
Galáctico. Y en la heroica montaña, cada tarde
Mi tristeza de cautiva luna.

Voy a morir
Y no quiero, como todos
No puedo: cada célula de este organismo,
Memoria de pudrición y eternidad, me dice
Que soy inmortal,
Que mi patria es el espíritu.

Todo aquí ha sido y será negación
Y desafío, la familia, la universidad, el Estado…
El permanente ultimátum
De mi aliento, rival de la fuerza
Fragmentaria, dueña del mundo.

Lo saben
El poema y la entropía,
Que aventurándose han partido
Y aún no logran ver al Único, cuya sombra
Embustera
Continúa enloqueciéndoles.

Y aún en lo inhumano siento
El remoto centro, sin número
Ni espacio, y esa frágil prueba
Ahora es mi amor, mi última
Pelea
En el sueño
De las horas.