miércoles, 17 de marzo de 2010

ESTADOS UNIDOS Y LA REELECCIÓN DE URIBE

Los principales medios de EU, el Washington Post, el New york Times, Los Ángeles Times y el Miami Herald, se han pronunciado en contra de modificar nuevamente la Constitución a la medida del Presidente Uribe para reelegirse por tercera vez consecutiva. Sin embargo, la posición del Gobierno de EU no se conoce y posiblemente no se vaya a conocer públicamente: se especula que esos importantes medios en parte la reflejan. En Colombia, la izquierda y el centro liberal estarían muy satisfechos con un rechazo abierto de EU a la reelección pues reforzaría los anhelos de respeto a la alternancia democrática como principio constitucional esencial. El Gobierno se sentiría satisfecho con un silencio político de EU, que le permita hacerlo aparecer como licencia para la reelección. No deja de ser paradójico que la izquierda y el centro anhelen la injerencia de EU, mientras el Gobierno aspira a protegerse, ahora sí, con la autodeterminación nacional.
En estas condiciones, es pertinente evaluar los factores que juegan para un involucramiento abierto o no de EU a favor o en contra de la reelección del Presidente Uribe.

Parece necesario preguntarnos si la nueva política exterior de EU, con una diferente jerarquía en sus prioridades dará la misma importancia a Colombia dentro de las tareas de Departamento de Estado. Los temas y tareas ahora están cargados en la proliferación de las armas atómicas, el calentamiento global, la dependencia energética del petróleo, la crisis financiera, la superación del enfrentamiento con los musulmanes y de las guerras o ‘choques de civilizaciones’, el hambre y la sequía en África, y empiezan a modificar el “fundamentalismo democrático” y la “guerra al terrorismo” espina dorsal de la anterior administración.
Asiste a EU además un nuevo método en su política exterior que pone el énfasis en las instituciones multilaterales, en vez del ‘acuerdo de voluntades de los gobernantes coincidentes’ en el enfrentamiento al terrorismo: Uribe pasa de moda en la Casa Blanca, y las amenazas a la democracia en Colombia parecerían menores que las de otros lugares. Su desarrollo ahora podría ser un asunto más ‘nacional’. La misma región latinoamericana es menos relevante dentro del conjunto de preocupaciones y tareas en zonas que como el Medio Oriente, Irán, Afganistán y Corea concentran atención y recursos.
Pero entremos en materia poniendo en la balanza lo que sería favorable y desfavorable a la reelección de Uribe en EU. Digamos de antemano que los aspectos que parecen jugar en EU a favor de la reelección de Uribe, jugarían con mayor razón a favor de cualquier otro candidato de reemplazo; los candidatos del establecimiento y de mayores posibilidades (Juan Manuel Santos, Rafael Pardo, Vargas Lleras, o Sergio Fajardo) son todos hombres menos erráticos, más modernos y urbanos y si se quiere, de mayor confianza para la actual administración de los EU, lo que jugaría a favor de un pronunciamiento en contra de una nueva reelección. Pero las condiciones reales tanto internas en Colombia, como regionales nos hacen creer que EU sólo podría jugar con ellos en la eventualidad de que no pase el referendo para la reelección o si Uribe declina. De otra manera parece que el asunto estaría determinado por una suerte de real-politik. Hay aspectos que juegan en EU en contra de la reelección de Uribe: cuenta la historia y cultura política de EU, nacida de su diversidad cultural y étnica, que obliga a dar prevalencia a la Ley, esto es a la Constitución, en la preservación de las relaciones internas e internacionales. Esta cultura ha inspirado en diferentes grados a ambos partidos, y hace difícil para la opinión y para el Gobierno, aceptar las formas caudillistas que han terminado siempre en autocráticas en AL, más ahora cuando el Gobierno de Obama ha reforzado los principios fundacionales constitucionales del Estado americano.
Sin embargo, también tenemos comprobación histórica, aún con Obama, de que a esta historia y cultura de respeto constitucional se han enfrentado las razones prácticas del poder y las conveniencias de los intereses nacionales o corporativos de EU. Sin duda, las reformas constitucionales circunstanciales a la medida exclusiva del Presidente Uribe encuentran natural prevención en el liderazgo norteamericano y no faltará en ese Gobierno quién ponga en evidencia que, un silencio frente al caudillismo autocrático en Colombia dejaría sin autoridad política y moral la crítica al caudillismo autocrático de los vecinos, Venezuela, Ecuador, etc.
El Gobierno de Obama pagaría un costo si callase, no obstante su promesa ética en las relaciones internacionales y en la defensa de una verdadera política y democracia. Mucho más, si calla frente a que no haya una verdadera acción penal, estimulada y soportada desde el Gobierno colombiano, ante la continua violación de los derechos humanos con los homicidios sobre personas protegidas que eufemísticamente llamamos ‘falsos positivos’. Sabemos que no son indiferentes los gobiernos de EU y la UE, a la obstrucción de la Justicia, a los hostigamientos y seguimientos, a las interceptaciones telefónicas, al irrespeto sobre la vida privada y financiera de los miembros de la Corte Suprema, del Fiscal y de diversos dirigentes de la oposición y la política. Ni al uso del Gobierno para el enriquecimiento familiar. Sin duda se tramitarán las preocupaciones. Pero la cuestión es si irían más allá de los canales diplomáticos.
Tampoco estará ausente el Gobierno de EU –lo mismo que Europa- del hecho de que un constante cambio constitucional genera alta inestabilidad económica e inseguridad para la inversión directa extranjera. Hoy el capital lo tiene bien sabido: no hay gobierno que dure cien años ni sociedad que lo resista, y la salida o caída de estos gobiernos caudillistas autocráticos trae generalmente una destorcida que termina afectando esas inversiones al considerárselas como ‘aliados’ o soportes.Pero de estas preocupaciones diplomáticas a un pronunciamiento público con el fin de alterar el curso de la reelección hay mucho trecho y se necesitaría mucha presión de las opiniones públicas de esos gobiernos, para obligarlos a ir por encima de los intereses inmediatos de las corporaciones económicas de esos mismos países, que están logrando tratamiento tributario y ecológico preferencial y por encima de sus intereses geopolíticos y de seguridad en la región.Para mantener esa postura sólo por los canales diplomáticos, cualquiera puede partir –y EU con mayor razón- de que el referendo para la reelección, aún con sus costos institucionales, siempre que guarde la formalidad de respeto por el debido proceso democrático, es un mecanismo que en fin de cuentas está considerado dentro del ordenamiento constitucional colombiano. Más aun, la reelección es hasta ahora lo que quieren las mayorías colombianas, aunque para la construcción de esas mayorías se haya recurrido a los viejos esquemas latinoamericanos no ortodoxos y politiqueros, como el de Familias en Acción, la clientelización y desmoronamiento institucional en los Consejos Comunitarios, etc.El proceso de recolección y aprobación del referendo ha sido afrentoso con la democracia institucional para la mayoría de los analistas y centros de investigación política. Pero es difícil que un gobierno internacional pueda hacer una manifestación explicita, más allá de la crítica que hacen los medios de opinión. Este es un reconocimiento necesario para poner en adecuada perspectiva el compromiso internacional y específicamente de EU, con una democracia verdadera en Colombia. Si es una realidad tozuda el que a gran parte de los ciudadanos colombianos les resulta indiferente no sólo este proceder para la recolección y aprobación del referendo, sino las constantes violaciones de los derechos humanos y la ética pública, es necesario reconocer que esta realidad es bastante difícil e improbable que sea modificable desde afuera y por el contrario, puede hacer concluir a cualquier aliado internacional de que precisamente intervenir sería no sólo innecesario sino inconveniente.
Algunos en EU estarán pensando que los esfuerzos los deben poner en el cómo presionar con un ‘Poder Suave’ –la era de Obama- al Gobierno resultante de la reelección, condicionando los diferentes campos de las relaciones económicas y diplomáticas a una agenda de interés en concordancia con el desarrollo democrático internacional y nacional de largo plazo.
Para redundar y para decirlo de manera explícita: En el silencio de EU frente a la reelección juega la relación-confrontación de EU con varios países de América Latina. La errática y primaria posición de Chávez en Venezuela y en el grupo de países que trata de liderar, mantienen alguna importancia estratégica a Colombia y en particular a Uribe, en su política de AL. No podemos abstraernos de la inercia y el peso de lo geopolítico y militar, ahora que se le suma el reemplazo de la base militar de Manta en Ecuador por distintas funciones y lugares en Colombia. EU no ha abandonado la generación de roles de ciertos países como aliados estratégicos: Colombia juega todavía esa suerte de rol de ser el ‘Israel de AL’. Todos estos aspectos equilibran la oposición a la reelección de los sectores más democráticos y modernos de EU, dándole un valor menos significativo en la agenda y en el balance político-militar de las relaciones.
También juega a favor del continuismo de Uribe la favorabilidad que ha dado a la inversión norteamericana, particularmente para los capitales mineros y agroindustriales, que hoy tienen importancia en la superación de la dependencia energética de EU del petróleo. El lobby de estos grupos en el Congreso americano pesará en el Departamento de Estado.
Igualmente, sigue jugando a favor de la reelección de Uribe la inercia en la política contra las drogas. La tardanza en la reformulación de esa política en EU favorece una visión y ejecución del Plan Colombia en términos estrechamente antisubversivos y excluyentes de la construcción del necesario consenso nacional que permita enfrentar la violencia y el narcotráfico como prioridades no sólo del Gobierno sino nacionales. Mientras que en círculos de análisis de EU se empieza a reconocer la ineficacia y perdida presupuestal de la llamada ‘guerra al narcotráfico’, Uribe sigue cargando el Plan Colombia de connotación caudillista a favor de su excluyente política de grupo, descalificando todos los esfuerzos de los gobiernos precedentes y pretendiendo que sólo el número de extraditados sea indicador suficiente.Nunca antes fue más grande y diversificado en la geografía nacional el narcotráfico y la violencia delincuencial. El continuismo en el Plan Colombia, sin cambios de énfasis para la inclusión social, favorece el statu quo, tanto en el problema del narcotráfico, como en la política colombiana. Tal vez, ese continuismo responda a los intereses de agencias como la DEA, el FBI y de los contratistas de dicho Plan, pero no resolverá el conflicto, ni derrotará el narcotráfico y puede hacer supérstites a las Farc. Las últimas acciones de las Farc muestran cómo son útiles en el objetivo de reproducir el caudillismo autocrático de Uribe, al mismo tiempo que en el objetivo de desvirtuar una oposición democrática al continuismo. Y cómo han servido para la legitimación de una cultura de violencia permanente, de violación de los derechos humanos a nombre de la seguridad, al tiempo que ésta se debilita sensiblemente en los centros urbanos, en las relaciones obrero-patronales, en la seguridad para la Justicia y la oposición y en general en las relaciones socio-económicas del país.
Por último, y también paradojalmente, juega a favor de la reelección de Uribe la real capacidad de injerencia que tiene EU en AL. La visión infantil del papel de EU en AL va de un extremo al otro: de ver y señalar ‘un dictak imperial’ en toda manifestación de la hoy necesaria injerencia norteamericana, a rogar y fincar la esperanza contra la reelección en una intervención política y pública de EU. Se sigue viendo al ‘Imperio’ más allá de su real capacidad en la definición del destino de cada país de AL: aunque EU se pronunciase abiertamente en contra de la reelección esto no significaría que Uribe no la lograría. El desarrollo ha impuesto niveles de autodeterminación, aunque ahora muchos añoremos un mayor involucramiento de ese EU, más modernizador y democrático que nuestras elites dirigentes. La reelección será o no será por decisión casi exclusiva del afectado y tremendo pueblo colombiano.
Quisiera concluir esta visión rápida de EU frente a la reelección con una reiteración: EU no será indiferente a la forma como afecte la reelección el mantenimiento de la democracia en Colombia. Pero no hay a la vista ningún hecho político que vaya a colocar a Colombia y a la reelección en un grado de preocupación que rompa el equilibrio que el Gobierno de EU hace frente a los intereses en la región. En la opinión pública no informada de EU la visión sobre el Gobierno de Uribe es la de un salvador de la seguridad y la democracia en un Estado que aparecía fallido. Se podrá señalar que en estas notas de análisis hay contradicción entre la plataforma enunciada inicialmente y las realidades que podrán verse. Y no les ha de faltar razón: la política exterior es el resultado de diferentes centros de poder en EU y Obama apenas inicia su reformulación. Concluyendo: Si hay victoria sobre la reelección será producto de una actividad básicamente nacional, acompañada sí por los formadores internacionales de opinión y de algunas presiones diplomáticas reservadas de los gobiernos, que ayuden a evitar el desmonte constitucional e institucional que da estructura a nuestra democracia.

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