miércoles, 17 de marzo de 2010

¿TODO CAMBIA CON EL TRASLADO DE LA BASE DE MANTA?

¿Nada volverá a ser igual? Uribe ha significado una reorganización bastante definitiva de la inscripción de Colombia en el mundo. Ha convertido este país en un portaviones viejo que navega en un mar cada vez más proceloso. La economía, la política, la cultura ciudadana, las relaciones internacionales y la cultura en general dependen cada vez más del desarrollo y de la preparación para “el enfrentamiento al terrorismo”. Pero las gentes sienten y preguntan si no nos estamos embarcando en una guerra regional.
Las expresiones de la vida colombiana giran ahora en torno a la confrontación al terrorismo y el narcotráfico: sobredimensionando la capacidad de perturbación que aún tienen las Farc y apoyándose en el odio que siente la gente contra la guerrilla, todas las decisiones de Estado se inspiran en el argumento de enfrentarlas.


Pero si fuese por el enfrentamiento al narcotráfico, habría que decir que los resultados son al menos discutibles. Su eficacia no se puede medir por el número de extraditados, sino por la disminución o no de la inclusión-extensión del narcotráfico en la vida económico-social y en la política: nada nos corrobora esta disminución y tal vez sucede lo contrario.

Y la confrontación a las cada vez más insignificantes Farc, confrontación a nombre y para defender la democracia, ha terminado siendo un instrumento para la concentración autocrática del poder del Estado. Con esa confrontación se pretende tapar la cooptación de parte del Estado por la parapolítica; se ha liquidado la democracia representativa condensada en el Congreso, hoy una caricatura, dado el nivel de representación de esos congresistas de 3000 votos; se han liquidado los partidos, correas de representación de la sociedad en el Estado. Y ni qué decir de los riesgos que corre la independencia y el respeto de la Justicia ¡Las Farc han terminado siendo un instrumento en las manos de Uribe!
Pero volvamos al traslado de la base de Manta a Colombia. La verdad es que Colombia se ha ido convirtiendo en el Israel de América Latina y hemos producido una fractura que parece irreversible en las relaciones políticas regionales, y la injerencia de EU cargada sobre lo militar, en el largo plazo se traducirá en una disminución de la capacidad de negociación frente a ellos y el resto del mundo. Todo esto ha sido posible no sólo por Uribe, sino y en primer lugar, porque ese mundo de guerra ni paz, de supuesta confrontación al narcotráfico, mientras hay una creciente narco corrupción del Estado y la sociedad, cuenta con una tolerancia considerable de la opinión, que atomizada y sin partidos sólo puede ser “expresada” por las encuestas e interpretada por un caudillismo nacionalista. Y en segundo lugar, porque la obstinación militarista de este Gobierno tiene justamente como correlato la torpeza política y diplomática y la violación de la democracia posible, con ese anacrónico y falso socialismo de Chávez y Correa.Con esos Presidentes parecemos viendo una película vieja: dado que hoy el socialismo se asocia necesariamente al socialismo soviético, entonces, AL resulta lanzada al pasado, en una “nueva” guerra fría regional, donde Uribe es el complemento necesario de este anacronismo. Lo real es que su confrontación -aupada ahora por las bases- fracturó la sociedad y las naciones y tiende a que sea por largo tiempo.Mientras en Colombia se usan las Farc y sus “apoyos” internacionales, en Venezuela, Ecuador, Bolivia y Nicaragua se utiliza el temor a la alianza militar de Colombia con EU como factor de unificación de sus fuerzas militares, de sus gentes y factor de aislamiento de sus partidos de oposición, ya sean los de las castas oligárquicas derrotadas o de los que justamente hacen críticas a sus también concentrados poderes. Los perdedores, los pobres y la democracia latinoamericana. También es perdedor Brasil, tanto por el creciente involucramiento militar americano en Colombia, como por la imposibilidad de liderar una AL fracturada.
Ahora bien. La pregunta de muchos es si esta era la aspiración de relaciones que Obama quería con AL o si es producto de la inercia que puede seguir imponiendo el complejo militar industrial norteamericano, inercia con la que habría que contar durante varios gobiernos en EU. Las relaciones nacionales y regionales han quedado estructuradas en una ‘nueva correlación de determinantes’: El diseño de Estado o régimen político de Uribe se consolida, y si bien ahora podría prescindir de él, inmediatamente se ha favorecido su reelección.
La oposición tiende a aislarse nacional e internacionalmente y se configura una fractura social de difícil reconstrucción para un propósito común de los colombianos: la oposición puede quedar atrapada en el viejo esquema antiimperialista, con el riesgo de que abandone su lucha por la democratización política-social, los derechos humanos y su apertura a la modernidad que Obama puede representar.
EU si bien gana influencia militar en la región, pierde prestigio y esperanzas en las ‘nuevas soluciones y paradigmas’: se elevan las exigencias de eficacia en su acción contra el narcotráfico, pues de lo contrario desvirtúa la justificación de las bases y haría manifiesto su sentido geopolítico; Chávez se favorece en su retorica nacionalista.
Las Farc querrán “legitimar” sus atrasadas argumentaciones y pueden nuevamente copar a parte de las izquierdas que habían perdido. Uribe ha pretendido internacionalizar la influencia de las Farc convirtiéndolas en factor aglutinador-confrontacional de los “bolivarianos” de AL. El conflicto interno -aunque marginalizado- Uribe lo internacionalizó Uribe y tiende a eternizarlo. Si frente a estas realidades los colombianos y latinoamericanos volvemos al pasado, la democratización de AL se nos habrá escapado nuevamente. La demanda es superar el maniqueísmo en la lucha por la democratización en cada uno de nuestros países: lo que no es democrático en Colombia no puede ser democrático, anhelado y justificado en Venezuela y viceversa. Y reconocer y darle la importancia y sustancia que tiene para nuestros pueblos la democracia representativa: los riesgos que ha traído la democracia participativa en Estados y sociedades apenas consolidándose y ahora en manos de los caudillos, ha eliminado la separación de poderes y de pesos y contrapesos que sólo nos da la democracia liberal. La democracia representativa al distribuir el poder en sus diferentes ramas se auto inmuniza contra la autocracia. La demanda también es superar el complejo antiamericano. La compresión de EU como un país complejo, con carácter y responsabilidades de potencia internacional, con múltiples determinaciones e intereses, es necesaria para saber buscar apoyo y aliados a la lucha por una verdadera democratización de AL y de relaciones sinceras y estratégicas con nuestros países. En los programas de los demócratas y de los centros de pensamiento de EU hay recursos para la lucha por la democratización y la inclusión de los pobres de AL. Los EU siguen siendo más modernizadores que nuestras élites que han impuesto la exclusión en nuestros Estados, haciéndolos inocuos como expresión de nuestras “distintas nacionalidades”.
La búsqueda de un amplio espectro de intereses y de alianzas por la democracia real es el único camino para superar las dos caras de esta misma moneda: las autocracias caudillistas –de “izquierda” o de derecha- que pueden terminar enfrentando a nuestros pueblos.

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