miércoles, 17 de marzo de 2010

ALGUNAS NUEVAS REALIDADES DE LOS NUEVOS PODERES EN AMÉRICA LATINA..

Dado el significativo impacto que tiene el acuerdo de las bases con acceso de EU, la conversación que se impone a la opinión y a la Red debe tratar de esclarecer qué tanto efecto transformador tienen para el futuro colombiano y latinoamericano. Presenté –en dos papeles consecutivos- una suerte de punteo o ítems para estimular esa conversación, al tiempo que Gustavo Ruiz, desde una posición tal vez opuesta, escribía con el mismo objetivo: desarrollar la conversación generativa. Ha habido una respuesta o comentarios de JM Garcés que considero estimulantes para el debate. Abordemos, de esta su posición, algunos aspectos subyacentes, unos conceptuales y otros explícitamente políticos y económicos o si se quiere geopolíticos.
Algún aspecto conceptual
En el papel “Distintas visiones…..” se plantea que la conversación-discusión debe hacerse lejos de cualquier nacionalismo. En la respuesta de JM Garcés señala, y demanda, que no hay forma de discutir sobre las bases y sobre su impacto en la democracia contemporánea que no sea desde la óptica del Estado-nación.
Francamente no creo. Esa definición de democracia ser la de el reencuentro de la democracia con el capitalismo, para su ‘origen’ en la etapa moderna. Pero no es hoy lo que define únicamente a la democracia.
Positivamente, la democracia contemporánea tiene un nuevo ¿su mayor? acervo en la globalización de la información y el conocimiento, en el papel cada vez más universal de la ciencia y su apropiación en las formas del saber, en el internet, en la movilidad mundial de las personas, pese a las restricciones nacionales, en el comienzo de la ruptura de las religiones como núcleos de las distintas culturas contemporáneas y justamente en la superación del Estado-nación como única forma de la democracia, a partir de las formas de integración y de los organismos internacionales.
La transformación del Estado-nación sigue siendo una tendencia dominante en la globalidad y es lo que ha puesto en crisis la forma ‘partidista antigua’ de hacer la política. Y no por ello podemos decir que se ha acabado o que tenemos menos democracia en la contemporaneidad. Pero no es este un proceso lineal. Tanto el poder de las corporaciones económicas –ver su poder en la “incapacidad” de Obama para dividir los bancos-, como el poder del delito organizado, las mafias, han puesto en cuestión el Estado-nación. Al tiempo, se refugian en él como principal trinchera. Colombia es una buena muestra de esto último.
Adelanto una aventura: Tal vez volvemos a la democracia de la ciudad-estado, donde es mayormente posible la real representación y participación ciudadana en el gobierno y en sus destinos, y tal vez, el mundo vaya a ser una suerte de federación de ciudades. Por eso la importancia de lo local, como definición de la célula democrática contemporánea.
Si vemos el nacionalismo desde la otra orilla podemos decir: El predominio de un Estado-nación, EU, llevó a círculos neoconservadores de allí a reclamar su supremacía nacional sobre los órganos de la democracia mundial o global como la ONU y los acuerdos internacionales, embarcando al mundo –no sólo a sus ciudadanos- en una guerra completamente ineficaz, desigual e irracional.
En cambio y al mismo tiempo, el internet y la globalización de la política ayudó a elegir a Obama y debe ayudar a desarrollar su programa – encabezado por el de la salud pública democratizada- que resisten, calumniándolo, las corporaciones.
Sin duda atravesamos un tránsito del Estado-nación a nuevas formas de integración y globalización de la democracia y la justicia, donde los compromisos internacionales son superiores a las propias Constituciones nacionales de los Estados: este ‘nuevo mundo’ exige o demanda instituciones más vinculantes sobre los estados nacionales.
Este proceso apenas comienza y no está definido en la nueva institucionalidad. Pero sin ella, ya podemos señalar claramente que –por ejemplo- el golpe de estado contra Zelaya no se resuelve en los marcos estrechos de su nacionalidad, como lo reclama Michelleti. Igualmente el acuerdo entre EU y Colombia no es, no puede ser hoy, dadas sus implicaciones regionales, sólo un asunto bilateral de las dos naciones, como lo reclama el Embajador de EU o el Presidente Uribe.Es desde una óptica internacional y contemporánea que debemos discutir el aumento de la presencia de EU en la región. Los prejuicios anti yankees podrán satisfacer nuestros resentimientos ofendidos, pero no la adecuada respuesta a los desafíos del inmediato futuro. Veamos algunos.
Brasil y el calentamiento global.
La discusión sobre las bases ha puesto a Brasil como uno, tal vez el más significativo, de los protagonistas en oposición. Todos los izquierdistas latinoamericanos tratan a Brasil con consideración y en cierta forma temen desatar sus descalificaciones. Pero vale la pena señalar un aspecto de forma –cuando se trata de EU siempre se relieva-: la actitud avasallante de Lula frente a Correa, en UNASUR, no es sino reflejo de una cultura nacional –acuérdense que fueron colonia portuguesa- que hace supremamente expansiva e indolente a su clase dominante. Lula no es el cambio de sistema. Es un administrador temporal de los intereses brasileros. Y en algunos aspectos, bien definitivos, para la verdadera democracia, que tiene hoy un alto componente en la ecología, en la protección de la Amazonía, Lula ha sido, por lo menos, contemporizador, sino estimulador de la debacle que se está dando allí.Brasil deforestó en el 2007, en cinco meses, en sólo el estado de Matto Grosso, 1800 Km2 de selva virgen. ¡Fueron 180.000 Has. en cinco meses! Deforestó para sembrar soya con destino a China, una superficie como 15 veces el área urbana de Cali; o seis veces toda el área municipal de Medellín, en cinco meses. Téngase en cuenta que la deforestación se calcula que produce el 20% de las emisiones de Dióxido de Carbono, responsable del calentamiento global. La deforestación en la Amazonía es responsable del 70% de las emisiones del Brasil. (Datos del NYT).Si paráramos la deforestación, dicen los que saben, que equivaldría a apagar todas las plantas térmicas del mundo. Si nos concentráramos en estos dos objetivos ya tendríamos el pareto responsable de un 40% del calentamiento global. El otro factor determinante son los autos, cuyo principal responsable es EU.Otro actor ‘presente en su ausencia’ que mencioné en el papel “Distintas visiones…” fue China. No quiero adentrarme en el tema de China desde el aspecto ecológico porque merece un serio trabajo de investigación, que los investigadores deben hacer. Sólo quiero mencionar el aspecto más relevante de la ecología: el Hombre.
China y AL en el nuevo orden mundial
La gran expansión económica de China se hace a partir de una forma del ‘moderno trabajo esclavista’ de que hablara Marx. Los trabajadores chinos subsidian el consumo que estimulan e imponen los neoliberales en la economía o sea los neoconservadores en el manejo del estado y la política. El gran crecimiento económico es posible porque el promedio de salario mensual de los trabajadores de China es de $150.000 pesos colombianos.
La dependencia de la mono exportación de AL muy pronto puede llamarse China. El comercio exterior de Brasil con china en 75% es soya y carbón y 10% más en petróleo. Venezuela intenta reemplazar la venta de petróleo a EU suministrándole 500.000 barriles diarios a China. ¿Desarrolla esto al pueblo venezolano?
La totalidad de la industria del calzado y de los juguetes brasileros se trasladó a China. Parte de nuestra industria textil mira ese panorama y empieza a hacerlo. El crecimiento de la industria china basado en ese ‘moderno trabajo esclavista’ es un desafío de la industrialización de AL. Su demanda es de commodittis y su inversión creciente en los distintos países de AL, se orienta a puertos y desarrollo de minas para su importación. Con US $2.200 millones de dólares construyen un puerto y la infraestructura necesaria para la exportación del cobre peruano.¿Qué recibiremos a cambio? ¿No recuerda esto al viejo imperio inglés? ¿O recibiremos mucha y nueva cultura democrática o política o desarrollo en informática o en igualdad racial?
Pero se me puede replicar que lo que discutimos es las bases con acceso de EU. No la nueva distribución en áreas de influencia del mundo. Quiero sólo dejar la inquietud, que es una realidad insorteable las nuevas realidades y potencias mundiales, llámense imperios o poderes facticos y determinantes del devenir cultural y democrático mundial. Y En la discusión de las bases está de fondo: al final tendremos que escoger en qué área de influencia nos moveremos.

EL ACCESO DE EU A LAS BASES EN COLOMBIA ¿CAMBIÓ A LATINOAMÉRICA?

La ampliación y cambio de calidad de la cooperación militar con EU, que permite la presencia y acción de sus fuerzas armadas en siete bases colombianas, aparece como si todo cambiara en el panorama de relaciones y realineamientos en Colombia y también en Latinoamérica. Las posiciones son varias y dependen de dónde vengan. Obviamente unas lo justifican y otras en distinto nivel lo rechazan. Vale la pena discutirlas más allá del estrecho campo del nacionalismo.De un lado, por ejemplo este Acuerdo de Ampliación de la Cooperación del Plan Colombia, se ha justificado señalando que refuerza y hace más eficaz la lucha contra el narcotráfico y el terrorismo.
Esta “justificación” exige que semejante despliegue militar, nos ofrezca verdaderos resultados ya contundentes en la superación del flagelo importado del narcotráfico. Exige precisar exactamente qué se entiende por terrorismo. Pues si es la concepción del Presidente Uribe y de los círculos y agencias de EU, todavía capturados por el neoconservadurismo, el riesgo de internacionalizar nuestro conflicto en una guerra regional se haría creciente.

Sabemos que, a la larga, este tipo de acuerdos siempre conllevan mayores esfuerzos fiscales del Estado colombiano, es decir de nosotros los ciudadanos. Y ni qué decir de los sacrificios en vidas y tranquilidad. Por eso tenemos todo el derecho a exigir precisión y transparencia sobre él.
Los colombianos y por su supuesto los ciudadanos norteamericanos, estamos en el derecho de pedir un cronograma preciso de su desarrollo: que se nos diga cuáles serán ahora sus indicadores de resultados. Qué novedad y eficacia real habrá en este acuerdo, para que se haga efectiva la interdicción de vuelos y lanchas ilegales que permitan superar el narcotráfico y el narco cultivo en la región. Porque podemos estar corriendo el riesgo de eternizar una simbiosis del poder militar y el narcotráfico.
Porque con la actual metodología de confrontación, y este nuevo acuerdo militar aparece como más de lo mismo, esta lucha contra el narcotráfico no parecería que se esté ganando. Y llevamos más de 25 años empeñados en esta forma militar de combatirlo.
Después de semejante escalamiento en la ayuda o injerencia de tipo militar no puede ser que sigamos padeciendo un país en el que se eternice una violencia que no es ni paz ni guerra, pero que degrada cada vez más la ética, la cultura ciudadana, la política y el Estado.
El narcotráfico sólo más globalizado, sigue creciendo y mutando, al tiempo que la hermandad, el comercio y la inversión legal entre nuestros pueblos y países vecinos se pierden y convierten en divisiones y posibles conflictos.
Tampoco puede ser que la amistad con el Gobierno y el pueblo de los EU, la cooperación entre sus fuerzas militares y las nuestras sea factor -o tenga el costo- de una guerra regional. No se trata de escoger entre la amistad con EU y la hermandad latinoamericana. Ésta no es escogencia. Estamos obligados, en la contemporaneidad, por la globalidad y sin duda por la racionalidad, a vivir en paz, equilibrando nuestra multilateralidad y desarrollo económico, por encima de las diferencias o signos ideológicos con todos los países, más allá de su poder. No somos, ni podemos ser, árbitros de las diferencias políticas, ni menos, peones de brega de ningún fundamentalismo. La diversidad no es una catástrofe sino el signo de estos tiempos. Como el poder de EU no es una calamidad. En las nuevas circunstancias de democratización es una ventaja: allí sí que se vive la competencia por la humanización de la vida y la democracia.
No estamos llamados a ser los que enmendemos la crisis de pérdida de la democracia venezolana. Primero, porque la justicia entra por casa y aquí –no obstante el signo ideológico contrario- recorremos un camino semejante en pérdida de institucionalidad. Y segundo, por lo evidente, es el pueblo venezolano quien resolverá su crisis y destino.

Las indeclinables demandas de respeto al Gobierno del Presidente Chávez sobre nuestras decisiones nacionales para enfrentar a las ‘organizaciones armadas por fuera de la democracia’, no pueden llevarnos a confundir un Gobierno de signo ideológico diferente al actual Gobierno colombiano con la guerrilla de las Farc. Tal “identidad” no le serviría sino a las Farc para transformar su inminente derrota en un triunfo político, al convertir su marginal “guerra” en una conflagración regional que, de alguna forma, involucraría a EU y a otros poderes transcontinentales. Resumiendo. La lucha contra el narcotráfico es débil como sustentación del uso de las bases y el del terrorismo exige precisar si aquí se está encubriendo la descalificación de los regímenes de diferente signo al colombiano. Eso sería una anacrónica “guerra fría” regional. Si llegara a primar el neoconservadurismo Bushista-Uribista, el riesgo de confrontación se haría inminente.
De otro lado están los argumentos, que esgrimen algunos contradictores del Gobierno o analistas internacionales. Hacen referencia a que este acceso a las bases y la presencia de sus fuerzas militares aquí, es una imposición y responde al interés de los EU.
Según estas argumentaciones EU busca varios objetivos al mismo tiempo: el primero, es el desarrollo geoestratégico de una cadena de bases militares alrededor del mundo que le permita mantener controles político militares en un mundo que rápidamente se modifica por la presencia de nuevos actores, principalmente de ChinaEl segundo objetivo sería específicamente responder a la alianza del grupo de países BRIC (Brasil, Rusia, India, China) que se convierten en un desafío a la mono polaridad, que los círculos más nacionalistas de EU pretenden mantener en el mundo. Con esta presencia dividen a Latinoamérica y rompen así el campo de influencia de este grupo de países en Suramérica.
En el desarrollo de este argumento está el hecho de que con el acceso a estas bases se rompería el liderazgo de Brasil sobre Suramérica estableciendo una fractura de ‘baja intensidad’ de dos bloques de países suramericanos que lo desgastarían. Y le impedirían, por demás, una futura hegemonía de toda la Amazonia, que sin duda es un recurso de biodiversidad y de reserva ecológico frente al calentamiento global.Todos estos argumentos tienen una conceptualización de base: es menor el riesgo que se corre con cualquier poder nuevo que con la influencia y el poder de EU. No se cuestiona frente a esto ni el hegemonismo y totalitarismo chino, o la desmoralización mafiosa, antidemocrática y totalitaria de la nueva burguesía rusa, o la cultura de castas y desigualdad de género hindú, ni el expansionismo, racismo y atraso cultural de la burguesía brasilera. ¿Acaso Lula la ha cambiado? Y esto debe discutirse al tiempo que las críticas a la repetida expresión imperial del poder de EU en Latinoamérica. Parecería que nada importa sino el mantenimiento de la influencia y el poder de EU en Latinoamérica. Por eso quiero adelantar una opinión, sobre esta influencia y poder, usando la razón, más que la pasión del orgullo ofendido y vilipendiado de ese pasado reciente.
Prefiero mil veces el ‘objetivo poder’ de EU, donde se vive y libra abierta y democráticamente una durísima lucha por la humanización e inclusión social, con alternancia democrática -con pruebas reales, como la Presidencia de Barack Obama- con vanguardismo en el uso de la libertad y la soberanía personal, que busca hacerse política exterior del estado americano, que el atraso de las influencias de casta o de los poderes autoritarios o antidemocráticos de los países señalados. Y de este atraso y autoritarismo no podemos abstraernos. Porque, conocemos en pequeñas dosis su contenido: nos lo adelantaron en los partidos bajo su influencia. En cambio ese “imperio americano” ha sido el único que con autocrítica –esto es con su democracia- nos ha permitido conocer sus llagas, exponiéndolas ante el mundo y avanzando en su superación. Ha permitido, a despecho de los ultraconservadores de allá y de aquí, que planteemos nuestras demandas de soberanía y reivindicar nuestros recursos para una distribución más democrática.
Ese “imperio” es autocrítico y democrático, y en mucho, es más modernizador e incluyente que nuestras propias clases dirigentes. Ese “imperio” tiene líderes de pensamiento y políticos que hoy son vanguardia de la democratización del mundo y de su preservación en un desarrollo sostenible.

No quisiera imaginar ese día –cuando llegue su declinable momento- que nuestros hijos estén añorando la democracia del ya no dominante EU. Quiera que, para entonces, los demócratas chinos -con nuestro apoyo de ciudadanos del mundo- hayan recuperado la plaza Tien An Men.
El tema de la Amazonía demanda una real y especial discusión. No creo que la Amazonía sea un recurso únicamente de sus países limítrofes. La depredadora clase terrateniente brasilera o el industrialismo “sucio”, anti ecológico de su agresiva burguesía, o los narco cultivadores y “palmicultores” colombianos, con los depredadores Farc y paramilitares a la cabeza, ni las atrasadas y racistas burguesías peruanas o ecuatorianas puedan ser las únicas que reclamen –con un nacionalismo teñido de sangre- un recurso de protección y salvaguardia de la humanidad.


Esto no exonera el costo que han de pagar los países hoy desarrollados a los países amazónicos y al resto del mundo, por la debacle ecológica en que basaron su hegemonía contemporánea. Su costo ha de ser económico, de transferencia tecnológica para la optimización del ambiente y de inclusión social e involucra en primer lugar a EU y a Europa.
Mención aparte merece el papel que esta nueva situación del acuerdo militar con EU tiene en la posible alianza energética y atómica que Irán pretende sobre algunos países de Suramérica, que tiene en la irresponsabilidad y “alegría” del Gobierno del Presidente Chávez, una cabeza de playa de esa política.
El Gobierno Iraní ha estado vinculado a actos de terrorismo en el mundo y también en Suramérica: la Asociación Mutual Judía Argentina (Amia) fue volada por una bomba en la que la Embajada Iraní en Argentina, con otros grupos islamistas, son los implicados. Es el mismo Gobierno de Irán que ahoga en sangre y prisión su oposición modernizadora.
El acceso a las bases no puede abstraerse, también, de la pretensión del militarismo ruso de hacer de algunos países de América Latina un lugar de expansión y de competencia de su muy agresivo e irresponsable complejo militar industrial.Remarcando que las relaciones colombo-americanas siguen determinadas por el componente militar y altamente narcotizadas -otra cosa sería si estuviésemos discutiendo, por ejemplo, un acuerdo de inversión-inclusión en las zonas de conflicto- su discusión merece una apertura de pensamiento que supere el nacionalismo, el prejuicio anti yanqui y el inmediatismo oposicionista al autoritarismo del Presidente Uribe que marca la coyuntura política colombiana.

¿TODO CAMBIA CON EL TRASLADO DE LA BASE DE MANTA?

¿Nada volverá a ser igual? Uribe ha significado una reorganización bastante definitiva de la inscripción de Colombia en el mundo. Ha convertido este país en un portaviones viejo que navega en un mar cada vez más proceloso. La economía, la política, la cultura ciudadana, las relaciones internacionales y la cultura en general dependen cada vez más del desarrollo y de la preparación para “el enfrentamiento al terrorismo”. Pero las gentes sienten y preguntan si no nos estamos embarcando en una guerra regional.
Las expresiones de la vida colombiana giran ahora en torno a la confrontación al terrorismo y el narcotráfico: sobredimensionando la capacidad de perturbación que aún tienen las Farc y apoyándose en el odio que siente la gente contra la guerrilla, todas las decisiones de Estado se inspiran en el argumento de enfrentarlas.


Pero si fuese por el enfrentamiento al narcotráfico, habría que decir que los resultados son al menos discutibles. Su eficacia no se puede medir por el número de extraditados, sino por la disminución o no de la inclusión-extensión del narcotráfico en la vida económico-social y en la política: nada nos corrobora esta disminución y tal vez sucede lo contrario.

Y la confrontación a las cada vez más insignificantes Farc, confrontación a nombre y para defender la democracia, ha terminado siendo un instrumento para la concentración autocrática del poder del Estado. Con esa confrontación se pretende tapar la cooptación de parte del Estado por la parapolítica; se ha liquidado la democracia representativa condensada en el Congreso, hoy una caricatura, dado el nivel de representación de esos congresistas de 3000 votos; se han liquidado los partidos, correas de representación de la sociedad en el Estado. Y ni qué decir de los riesgos que corre la independencia y el respeto de la Justicia ¡Las Farc han terminado siendo un instrumento en las manos de Uribe!
Pero volvamos al traslado de la base de Manta a Colombia. La verdad es que Colombia se ha ido convirtiendo en el Israel de América Latina y hemos producido una fractura que parece irreversible en las relaciones políticas regionales, y la injerencia de EU cargada sobre lo militar, en el largo plazo se traducirá en una disminución de la capacidad de negociación frente a ellos y el resto del mundo. Todo esto ha sido posible no sólo por Uribe, sino y en primer lugar, porque ese mundo de guerra ni paz, de supuesta confrontación al narcotráfico, mientras hay una creciente narco corrupción del Estado y la sociedad, cuenta con una tolerancia considerable de la opinión, que atomizada y sin partidos sólo puede ser “expresada” por las encuestas e interpretada por un caudillismo nacionalista. Y en segundo lugar, porque la obstinación militarista de este Gobierno tiene justamente como correlato la torpeza política y diplomática y la violación de la democracia posible, con ese anacrónico y falso socialismo de Chávez y Correa.Con esos Presidentes parecemos viendo una película vieja: dado que hoy el socialismo se asocia necesariamente al socialismo soviético, entonces, AL resulta lanzada al pasado, en una “nueva” guerra fría regional, donde Uribe es el complemento necesario de este anacronismo. Lo real es que su confrontación -aupada ahora por las bases- fracturó la sociedad y las naciones y tiende a que sea por largo tiempo.Mientras en Colombia se usan las Farc y sus “apoyos” internacionales, en Venezuela, Ecuador, Bolivia y Nicaragua se utiliza el temor a la alianza militar de Colombia con EU como factor de unificación de sus fuerzas militares, de sus gentes y factor de aislamiento de sus partidos de oposición, ya sean los de las castas oligárquicas derrotadas o de los que justamente hacen críticas a sus también concentrados poderes. Los perdedores, los pobres y la democracia latinoamericana. También es perdedor Brasil, tanto por el creciente involucramiento militar americano en Colombia, como por la imposibilidad de liderar una AL fracturada.
Ahora bien. La pregunta de muchos es si esta era la aspiración de relaciones que Obama quería con AL o si es producto de la inercia que puede seguir imponiendo el complejo militar industrial norteamericano, inercia con la que habría que contar durante varios gobiernos en EU. Las relaciones nacionales y regionales han quedado estructuradas en una ‘nueva correlación de determinantes’: El diseño de Estado o régimen político de Uribe se consolida, y si bien ahora podría prescindir de él, inmediatamente se ha favorecido su reelección.
La oposición tiende a aislarse nacional e internacionalmente y se configura una fractura social de difícil reconstrucción para un propósito común de los colombianos: la oposición puede quedar atrapada en el viejo esquema antiimperialista, con el riesgo de que abandone su lucha por la democratización política-social, los derechos humanos y su apertura a la modernidad que Obama puede representar.
EU si bien gana influencia militar en la región, pierde prestigio y esperanzas en las ‘nuevas soluciones y paradigmas’: se elevan las exigencias de eficacia en su acción contra el narcotráfico, pues de lo contrario desvirtúa la justificación de las bases y haría manifiesto su sentido geopolítico; Chávez se favorece en su retorica nacionalista.
Las Farc querrán “legitimar” sus atrasadas argumentaciones y pueden nuevamente copar a parte de las izquierdas que habían perdido. Uribe ha pretendido internacionalizar la influencia de las Farc convirtiéndolas en factor aglutinador-confrontacional de los “bolivarianos” de AL. El conflicto interno -aunque marginalizado- Uribe lo internacionalizó Uribe y tiende a eternizarlo. Si frente a estas realidades los colombianos y latinoamericanos volvemos al pasado, la democratización de AL se nos habrá escapado nuevamente. La demanda es superar el maniqueísmo en la lucha por la democratización en cada uno de nuestros países: lo que no es democrático en Colombia no puede ser democrático, anhelado y justificado en Venezuela y viceversa. Y reconocer y darle la importancia y sustancia que tiene para nuestros pueblos la democracia representativa: los riesgos que ha traído la democracia participativa en Estados y sociedades apenas consolidándose y ahora en manos de los caudillos, ha eliminado la separación de poderes y de pesos y contrapesos que sólo nos da la democracia liberal. La democracia representativa al distribuir el poder en sus diferentes ramas se auto inmuniza contra la autocracia. La demanda también es superar el complejo antiamericano. La compresión de EU como un país complejo, con carácter y responsabilidades de potencia internacional, con múltiples determinaciones e intereses, es necesaria para saber buscar apoyo y aliados a la lucha por una verdadera democratización de AL y de relaciones sinceras y estratégicas con nuestros países. En los programas de los demócratas y de los centros de pensamiento de EU hay recursos para la lucha por la democratización y la inclusión de los pobres de AL. Los EU siguen siendo más modernizadores que nuestras élites que han impuesto la exclusión en nuestros Estados, haciéndolos inocuos como expresión de nuestras “distintas nacionalidades”.
La búsqueda de un amplio espectro de intereses y de alianzas por la democracia real es el único camino para superar las dos caras de esta misma moneda: las autocracias caudillistas –de “izquierda” o de derecha- que pueden terminar enfrentando a nuestros pueblos.

ESTADOS UNIDOS Y LA REELECCIÓN DE URIBE

Los principales medios de EU, el Washington Post, el New york Times, Los Ángeles Times y el Miami Herald, se han pronunciado en contra de modificar nuevamente la Constitución a la medida del Presidente Uribe para reelegirse por tercera vez consecutiva. Sin embargo, la posición del Gobierno de EU no se conoce y posiblemente no se vaya a conocer públicamente: se especula que esos importantes medios en parte la reflejan. En Colombia, la izquierda y el centro liberal estarían muy satisfechos con un rechazo abierto de EU a la reelección pues reforzaría los anhelos de respeto a la alternancia democrática como principio constitucional esencial. El Gobierno se sentiría satisfecho con un silencio político de EU, que le permita hacerlo aparecer como licencia para la reelección. No deja de ser paradójico que la izquierda y el centro anhelen la injerencia de EU, mientras el Gobierno aspira a protegerse, ahora sí, con la autodeterminación nacional.
En estas condiciones, es pertinente evaluar los factores que juegan para un involucramiento abierto o no de EU a favor o en contra de la reelección del Presidente Uribe.

Parece necesario preguntarnos si la nueva política exterior de EU, con una diferente jerarquía en sus prioridades dará la misma importancia a Colombia dentro de las tareas de Departamento de Estado. Los temas y tareas ahora están cargados en la proliferación de las armas atómicas, el calentamiento global, la dependencia energética del petróleo, la crisis financiera, la superación del enfrentamiento con los musulmanes y de las guerras o ‘choques de civilizaciones’, el hambre y la sequía en África, y empiezan a modificar el “fundamentalismo democrático” y la “guerra al terrorismo” espina dorsal de la anterior administración.
Asiste a EU además un nuevo método en su política exterior que pone el énfasis en las instituciones multilaterales, en vez del ‘acuerdo de voluntades de los gobernantes coincidentes’ en el enfrentamiento al terrorismo: Uribe pasa de moda en la Casa Blanca, y las amenazas a la democracia en Colombia parecerían menores que las de otros lugares. Su desarrollo ahora podría ser un asunto más ‘nacional’. La misma región latinoamericana es menos relevante dentro del conjunto de preocupaciones y tareas en zonas que como el Medio Oriente, Irán, Afganistán y Corea concentran atención y recursos.
Pero entremos en materia poniendo en la balanza lo que sería favorable y desfavorable a la reelección de Uribe en EU. Digamos de antemano que los aspectos que parecen jugar en EU a favor de la reelección de Uribe, jugarían con mayor razón a favor de cualquier otro candidato de reemplazo; los candidatos del establecimiento y de mayores posibilidades (Juan Manuel Santos, Rafael Pardo, Vargas Lleras, o Sergio Fajardo) son todos hombres menos erráticos, más modernos y urbanos y si se quiere, de mayor confianza para la actual administración de los EU, lo que jugaría a favor de un pronunciamiento en contra de una nueva reelección. Pero las condiciones reales tanto internas en Colombia, como regionales nos hacen creer que EU sólo podría jugar con ellos en la eventualidad de que no pase el referendo para la reelección o si Uribe declina. De otra manera parece que el asunto estaría determinado por una suerte de real-politik. Hay aspectos que juegan en EU en contra de la reelección de Uribe: cuenta la historia y cultura política de EU, nacida de su diversidad cultural y étnica, que obliga a dar prevalencia a la Ley, esto es a la Constitución, en la preservación de las relaciones internas e internacionales. Esta cultura ha inspirado en diferentes grados a ambos partidos, y hace difícil para la opinión y para el Gobierno, aceptar las formas caudillistas que han terminado siempre en autocráticas en AL, más ahora cuando el Gobierno de Obama ha reforzado los principios fundacionales constitucionales del Estado americano.
Sin embargo, también tenemos comprobación histórica, aún con Obama, de que a esta historia y cultura de respeto constitucional se han enfrentado las razones prácticas del poder y las conveniencias de los intereses nacionales o corporativos de EU. Sin duda, las reformas constitucionales circunstanciales a la medida exclusiva del Presidente Uribe encuentran natural prevención en el liderazgo norteamericano y no faltará en ese Gobierno quién ponga en evidencia que, un silencio frente al caudillismo autocrático en Colombia dejaría sin autoridad política y moral la crítica al caudillismo autocrático de los vecinos, Venezuela, Ecuador, etc.
El Gobierno de Obama pagaría un costo si callase, no obstante su promesa ética en las relaciones internacionales y en la defensa de una verdadera política y democracia. Mucho más, si calla frente a que no haya una verdadera acción penal, estimulada y soportada desde el Gobierno colombiano, ante la continua violación de los derechos humanos con los homicidios sobre personas protegidas que eufemísticamente llamamos ‘falsos positivos’. Sabemos que no son indiferentes los gobiernos de EU y la UE, a la obstrucción de la Justicia, a los hostigamientos y seguimientos, a las interceptaciones telefónicas, al irrespeto sobre la vida privada y financiera de los miembros de la Corte Suprema, del Fiscal y de diversos dirigentes de la oposición y la política. Ni al uso del Gobierno para el enriquecimiento familiar. Sin duda se tramitarán las preocupaciones. Pero la cuestión es si irían más allá de los canales diplomáticos.
Tampoco estará ausente el Gobierno de EU –lo mismo que Europa- del hecho de que un constante cambio constitucional genera alta inestabilidad económica e inseguridad para la inversión directa extranjera. Hoy el capital lo tiene bien sabido: no hay gobierno que dure cien años ni sociedad que lo resista, y la salida o caída de estos gobiernos caudillistas autocráticos trae generalmente una destorcida que termina afectando esas inversiones al considerárselas como ‘aliados’ o soportes.Pero de estas preocupaciones diplomáticas a un pronunciamiento público con el fin de alterar el curso de la reelección hay mucho trecho y se necesitaría mucha presión de las opiniones públicas de esos gobiernos, para obligarlos a ir por encima de los intereses inmediatos de las corporaciones económicas de esos mismos países, que están logrando tratamiento tributario y ecológico preferencial y por encima de sus intereses geopolíticos y de seguridad en la región.Para mantener esa postura sólo por los canales diplomáticos, cualquiera puede partir –y EU con mayor razón- de que el referendo para la reelección, aún con sus costos institucionales, siempre que guarde la formalidad de respeto por el debido proceso democrático, es un mecanismo que en fin de cuentas está considerado dentro del ordenamiento constitucional colombiano. Más aun, la reelección es hasta ahora lo que quieren las mayorías colombianas, aunque para la construcción de esas mayorías se haya recurrido a los viejos esquemas latinoamericanos no ortodoxos y politiqueros, como el de Familias en Acción, la clientelización y desmoronamiento institucional en los Consejos Comunitarios, etc.El proceso de recolección y aprobación del referendo ha sido afrentoso con la democracia institucional para la mayoría de los analistas y centros de investigación política. Pero es difícil que un gobierno internacional pueda hacer una manifestación explicita, más allá de la crítica que hacen los medios de opinión. Este es un reconocimiento necesario para poner en adecuada perspectiva el compromiso internacional y específicamente de EU, con una democracia verdadera en Colombia. Si es una realidad tozuda el que a gran parte de los ciudadanos colombianos les resulta indiferente no sólo este proceder para la recolección y aprobación del referendo, sino las constantes violaciones de los derechos humanos y la ética pública, es necesario reconocer que esta realidad es bastante difícil e improbable que sea modificable desde afuera y por el contrario, puede hacer concluir a cualquier aliado internacional de que precisamente intervenir sería no sólo innecesario sino inconveniente.
Algunos en EU estarán pensando que los esfuerzos los deben poner en el cómo presionar con un ‘Poder Suave’ –la era de Obama- al Gobierno resultante de la reelección, condicionando los diferentes campos de las relaciones económicas y diplomáticas a una agenda de interés en concordancia con el desarrollo democrático internacional y nacional de largo plazo.
Para redundar y para decirlo de manera explícita: En el silencio de EU frente a la reelección juega la relación-confrontación de EU con varios países de América Latina. La errática y primaria posición de Chávez en Venezuela y en el grupo de países que trata de liderar, mantienen alguna importancia estratégica a Colombia y en particular a Uribe, en su política de AL. No podemos abstraernos de la inercia y el peso de lo geopolítico y militar, ahora que se le suma el reemplazo de la base militar de Manta en Ecuador por distintas funciones y lugares en Colombia. EU no ha abandonado la generación de roles de ciertos países como aliados estratégicos: Colombia juega todavía esa suerte de rol de ser el ‘Israel de AL’. Todos estos aspectos equilibran la oposición a la reelección de los sectores más democráticos y modernos de EU, dándole un valor menos significativo en la agenda y en el balance político-militar de las relaciones.
También juega a favor del continuismo de Uribe la favorabilidad que ha dado a la inversión norteamericana, particularmente para los capitales mineros y agroindustriales, que hoy tienen importancia en la superación de la dependencia energética de EU del petróleo. El lobby de estos grupos en el Congreso americano pesará en el Departamento de Estado.
Igualmente, sigue jugando a favor de la reelección de Uribe la inercia en la política contra las drogas. La tardanza en la reformulación de esa política en EU favorece una visión y ejecución del Plan Colombia en términos estrechamente antisubversivos y excluyentes de la construcción del necesario consenso nacional que permita enfrentar la violencia y el narcotráfico como prioridades no sólo del Gobierno sino nacionales. Mientras que en círculos de análisis de EU se empieza a reconocer la ineficacia y perdida presupuestal de la llamada ‘guerra al narcotráfico’, Uribe sigue cargando el Plan Colombia de connotación caudillista a favor de su excluyente política de grupo, descalificando todos los esfuerzos de los gobiernos precedentes y pretendiendo que sólo el número de extraditados sea indicador suficiente.Nunca antes fue más grande y diversificado en la geografía nacional el narcotráfico y la violencia delincuencial. El continuismo en el Plan Colombia, sin cambios de énfasis para la inclusión social, favorece el statu quo, tanto en el problema del narcotráfico, como en la política colombiana. Tal vez, ese continuismo responda a los intereses de agencias como la DEA, el FBI y de los contratistas de dicho Plan, pero no resolverá el conflicto, ni derrotará el narcotráfico y puede hacer supérstites a las Farc. Las últimas acciones de las Farc muestran cómo son útiles en el objetivo de reproducir el caudillismo autocrático de Uribe, al mismo tiempo que en el objetivo de desvirtuar una oposición democrática al continuismo. Y cómo han servido para la legitimación de una cultura de violencia permanente, de violación de los derechos humanos a nombre de la seguridad, al tiempo que ésta se debilita sensiblemente en los centros urbanos, en las relaciones obrero-patronales, en la seguridad para la Justicia y la oposición y en general en las relaciones socio-económicas del país.
Por último, y también paradojalmente, juega a favor de la reelección de Uribe la real capacidad de injerencia que tiene EU en AL. La visión infantil del papel de EU en AL va de un extremo al otro: de ver y señalar ‘un dictak imperial’ en toda manifestación de la hoy necesaria injerencia norteamericana, a rogar y fincar la esperanza contra la reelección en una intervención política y pública de EU. Se sigue viendo al ‘Imperio’ más allá de su real capacidad en la definición del destino de cada país de AL: aunque EU se pronunciase abiertamente en contra de la reelección esto no significaría que Uribe no la lograría. El desarrollo ha impuesto niveles de autodeterminación, aunque ahora muchos añoremos un mayor involucramiento de ese EU, más modernizador y democrático que nuestras elites dirigentes. La reelección será o no será por decisión casi exclusiva del afectado y tremendo pueblo colombiano.
Quisiera concluir esta visión rápida de EU frente a la reelección con una reiteración: EU no será indiferente a la forma como afecte la reelección el mantenimiento de la democracia en Colombia. Pero no hay a la vista ningún hecho político que vaya a colocar a Colombia y a la reelección en un grado de preocupación que rompa el equilibrio que el Gobierno de EU hace frente a los intereses en la región. En la opinión pública no informada de EU la visión sobre el Gobierno de Uribe es la de un salvador de la seguridad y la democracia en un Estado que aparecía fallido. Se podrá señalar que en estas notas de análisis hay contradicción entre la plataforma enunciada inicialmente y las realidades que podrán verse. Y no les ha de faltar razón: la política exterior es el resultado de diferentes centros de poder en EU y Obama apenas inicia su reformulación. Concluyendo: Si hay victoria sobre la reelección será producto de una actividad básicamente nacional, acompañada sí por los formadores internacionales de opinión y de algunas presiones diplomáticas reservadas de los gobiernos, que ayuden a evitar el desmonte constitucional e institucional que da estructura a nuestra democracia.

martes, 16 de marzo de 2010

LA CRISIS Y LOS DESAFÍOS TECNOLÓGICOS Y AMBIENTALES


p align="justify">La economía era la reina de las actividades sociales: sus deseos y caprichos se cumplían aún a costa del sacrificio de muchos seres humanos. Los economistas fungían más como ideólogos para la justificación de su absolutismo omnímodo. En ese reino, la humanidad parecía dividirse entre unos hombres MBA, que aliñados y con especial pulcritud, marcaban el derrotero especulativo del mundo, por lo que recibían sueldos y primas anuales exorbitantes por sus ejecutivas ideas. Esa nueva aristocracia establecía el destino y apropiaba el trabajo de los otros hombres grises, seres sudorosos, prosaicos, productores de manufacturas, cuyos salarios sólo alcanzan para reproducirse en medio de la rutinaria cerveza que, consumida al final de la jornada, “premiaba” su esfuerzo físico y mental para luego adormilarse frente a la cada vez más embrutecedora televisión.

Y esa humanidad así dividida miraba de reojo, con asombro o miedo, ¿o tal vez con curiosidad antropológica? al resto de los mortales. Y bien mortales. Apenas si miraba hacia África, Asia o Latinoamérica, observadas a la manera de antecedentes incómodos. Se miraba cuando las hordas de emigrantes ilegales rompían el paisaje ordenado de sus exuberantes ciudades, llenas de bancos, de corredores de bolsa y de agencias calificadoras de riesgo, o cuando se media el riesgo de los inversionistas en esas ‘tierras de ultramar’. Riesgo sobreviniente, precisamente, cuando esas calificadoras veían la oportunidad de inmensos negocios para sus bancos matrices, en países que a duras penas conocían, pero que reportarían pingües ganancias, al hacer de “jueces económicos” al tiempo que de inversionistas. Así mientras el modelo fue creciente, nos conformábamos con la nueva división de la humanidad y el mundo. Muy pocos cuestionaban el poder de la economía: la mayoría nos prosternamos a su no discutida eficiencia y a su papel en la vida del hombre que se ejerce hoy especulando más que creando nuevo valor.
¡Pero tenía que aparecer la desilusionante realidad! Y llego la crisis. Esta crisis hizo trizas no sólo la soberanía absolutista del mercado, sino la economía misma. Puso en evidencia el desajuste entre el dominio de la economía especulativa del capital financiero de los países del centro, con sus activos incobrables, frente a la economía real –la de producción de bienes y servicios que sí satisfagan necesidades humanas- producción en centrada en nuevos países productores.Lo paradójico es que esos nuevos países y gentes productores acumularon grandes ahorros, que depositaron en esos mismos bancos internacionales. Y con ellos, esos bancos estimularon, en medio de un claro desequilibrio, a los consumidores de los países del centro a tomar deudas no respaldadas en sus ingresos sino en esa ‘abundancia ajena que les debía rentar’: jugaron con una globalización del dinero todavía no regulada, dinero que desvalorizaron al desvalorizar sus títulos de respaldo, haciendo de su perdida la perdida de todos. Y tal como se portaron los bancos se portó el gobierno de los financistas o sea el de los neoconservadores: la crisis también está originada por el inmenso desgaste presupuestal de una ‘guerra al fiado’ sobre los dineros externos depositados en bonos del tesoro, mostrando hasta donde, hoy día, la guerra ya no puede ser lo que fue, la reproducción en el límite y por la fuerza de la economía. Llegada la crisis nos puso de frente a la supervivencia del sistema y del ambiente: sólo la crisis hizo inaplazable el cambio de fuentes energéticas, al tiempo del cambio de patrones culturales que modifiquen los valores del éxito. Y más, nos demanda replantear lo que llamamos desarrollo.
Esta crisis, sin embargo, no deja de comportarse como las del pasado, como una crisis de sobreproducción y por tanto, de sobrecapacidad instalada industrial. “Sobran” fabricas para producir bienes y sobra capacidad instalada para producir ‘gadgets’: sobran autos, sobran motores de 300 caballos de fuerza para transportar una persona por las calles de las grandes ciudades, sobra CO2 en la atmosfera, sobra la actual definición de confort y felicidad.
Por esa sobrecapacidad instalada, los líderes de la eliminación de las barreras nacionales regresan paradójicamente a la insorteable protección de cada país, para asegurar el empleo de los propios y el mercado de la producción nacional. Nadie sabe ni se plantea con qué nivel de eficiencia, porque en medio de alguna controversia, lo que cuenta es cuánto le cuesta a sus ciudadanos permitir la avalancha de la sobrecapacidad y de oferta del “otro” y no lo que puede costar en eficiencia energética y racionalidad del desarrollo.
Así EU sale a salvar su ineficaz industria automotriz, emblema de su pasado despilfarrador y soberbio, pero emblema también de su clase obrera, emblema de ‘el americano medio’ y de la estabilidad y crecimiento de su sistema. Francia hace lo suyo con Renault. Y lo hace Alemania, Suecia, Japón, etc. Se protegen estas fábricas por razones sociales que redundan en lo económico: se cuidan para cuidar el empleo o sea la gente; pero también para cuidar la demanda interior de bienes y por tanto de créditos: se actúa por razones de responsabilidad social y por necesidades anti cíclicas.
Pero el riesgo es que al cuidar estos trabajadores se esté protegiendo y manteniendo la ineficiencia económica y el despilfarro energético de fábricas que como la GMC, la Ford, etc., son grandes responsables del calentamiento global y de la cultura del éxito como soberbia individual, eliminando toda solidaridad o compromiso social y humano colectivo.¿Cómo reemplazar esas tecnologías anacrónicas del despilfarro energético si se protege GMC, Toyota u otros congéneres, que como en China, siguen ese mismo camino? ¿Cómo darle paso a nuevas tecnologías energéticas, con vehículos que sí sean para el transporte y no para avasallar, en expresión de soberbia individual o de sociedad imperial? ¿Cómo salvar unos cuantos cientos de miles de trabajadores, sin poner en riesgo toda la humanidad y la vida en el planeta? ¡Éste es uno de los desafíos en el Gobierno de Obama! El asunto no sólo es de tecnologías ahorradoras de energía: es también del modelo económico que se tiene o se adoptó como el del éxito.
Por la dominancia de ese modelo, los excedentes de exportaciones de China, India y los tigres asiáticos se ahorraron básicamente en dólares, ahorros que los bancos tenían que colocar para lograr el rendimiento que hiciese sostenible la operación: la abundancia de liquidez de los productores asiáticos de un lado, aunada al desaforado consumo ‘inducido’ del otro, se tradujo en hipotecas sin sostenibilidad, en crédito sobre bienes de precio inflado por la misma presión monetaria.
Esas inmensas masas del dinero “ajeno” permitieron una danza de créditos con ganancias millonarias sólo para los ‘ejecutivos de cuenta’: al final arrojaron, lo que tenían que arrojar, una perdida para todos, incluidos China y los demás que vieron caer sus ahorros o inversiones, al convertirse, en parte, en activos “tóxicos”, esto es bienes que no representan realmente con su valor el precio a que fueron colocados en el mercado del crédito.
Para occidente estos excedentes monetarios eran oportunidades y tensión sobre su sistema financiero; para los países asiáticos eran una forma de protección contra las crisis de liquidez originadas en el pasado por la fuga de los capitales “golondrinas”: su ahorro. El desequilibrio resulta de unos flujos globalizados y un manejo por bancos que siguen siendo nacionales y de extremado manejo privado. No era para la inversión y el consumo productivo, no era el ahorro nacional transformado en demanda agregada e inversión por el camino multiplicador de los bancos. Era el afán de colocación de las masas de ahorro de “otros” convertido en consumo al “debe” en la aparente prosperidad americana y de su área de influencia, Colombia entre otros, que jalonaba la desequilibrada bonanza económica occidental.
Un sistema financiero mundial montado sobre un consumo básicamente suntuario del capitalismo occidental, y una productividad y propensión al ahorro del capitalismo oriental, generan un desequilibrio que tiene que ser resuelto para evitar nuevas crisis. El asunto es cómo disminuir el consumismo occidental y elevar la productividad y el ahorro, sin pauperizar sus trabajadores, de tal suerte que, se tienda a equilibrar con la productividad del trabajo y la capacidad y propensión al ahorro del nuevo capitalismo oriental. ¡Éste es otro gran desafío en la era de Obama!
Es posible que haya que mundializar también un verdadero banco de depósito de los excedentes monetarios, resultantes de las ventajas competitivas y de productividad de las economías como las asiáticas, al tiempo que se transita de la protección a ultranza de la industrias nacionales ineficientes y despilfarradoras de energía, dándole prelación tanto a la sustitución energética, como a la sustitución de los valores del éxito y del desarrollo. Sin embargo, más de uno querrá el camino fácil y estúpido de abordar estos desafíos “castigando” la soberbia americana o de los centros capitalistas, “votando” por el hundimiento de esas economías, que como la automotriz, son emblemáticas de diferentes países. Si así se hiciese la crisis podría durar más que la depresión de 29 –siete años- con un hambre más intenso y mundial del que ya se empieza a presentar.

CARTA A RAQUEL, MAESTRA DE JUDAISMO

¡Cómo no recordarte! ¡Cómo no recordar aquellas tardes que, entre risas, deliciosos pasa bocas y mucho llanto, reencontraba lo mejor de mi contextura personal y social! ¡Aquello que tú señalas magistralmente como tácito judaísmo, había sido inscrito con letra invisible en el día a día de mi existencia junto a y por mi padre! ¡Cómo no recordar las lecturas que hacíamos en esas tardes y que me colocaban de frente a las polémicas con mi padre sobre el real significado de pasajes de la Toráh! ¡Cómo no recordar las lecturas del ‘Él Ser Judío’ o de ‘Yo y mi Judaísmo’, que agotamos contigo con placer, devoción y una pizca de polémica! ¡Cómo no recordar que esos libros tú me los regalaste, junto a mucha música Klezmer que con regocijo escuchábamos mientras estudiábamos! ¡Cómo no recordar las meguilá de cada viernes en la Sinagoga con el rabino Goldschmidt, que con visión universal, abre la lectura de la Toráh para que sea patrimonio de todos! ¡Cómo no recordar esos sentimientos cuando en Iom Kipur no podía definir con claridad si en verdad creemos en el perdón, concedemos el perdón, creemos en el arrepentimiento y nos avergonzamos de los dolores que hemos causado o sencillamente, buscamos un tolerancia o “aceptación” de D-os con nuestro proceder cotidiano, con nuestra indolencia e insolidaridad! ¡Cómo no recordar esos días de Rosh Hasna en que felices nos dábamos el Shaná Tova casi litúrgicamente y sin asomo real de querer recomenzar una nueva vida más solidaria y tolerante! ¡Cómo no recordar, sin embargo, que todavía celebramos Sucot pese a la soberbia de algunos, a la indiferencia sobre el resto de menesterosos que sin más habitación que una sucá recorren el mundo como nosotros lo recorrimos!


Cómo no recordar que justo allí en Sucot agitamos, unidos, junto al etrog, al lulav, al hadás… el aravá, que como yo y muchos otros, desperdigados por los cuatro puntos cardinales del planeta nos mantiene como Uno sólo! ¡Ante D-os o ante el mundo! ¡Cómo no recordar que esa idea de ‘Uno que es todo’ es una contribución, que no una propiedad, que los judíos comunicaron a la humanidad para señalar que D-os no divide a la humanidad sino que la une! ¡Y que cada división en el ‘fundamentalismo de cada culto’ ha convertido la idea de la vida en D-os en la tumba de la humanidad! ¡Cómo no recordar que Pesaj es el más grande canto a la libertad y que se formaliza y sólo se hace sostenible cuando, según la cuenta de omer, 49 días después, en Shavout, recibimos la Ley que se hizo para hacernos libres, semejantes, respetuosos, tolerantes e incluyentes de la diferencia y por lo tanto convivientes en nuestra especificidad y cultura, con las demás culturas del mundo, de las que tanto recibimos y a las que tanto le hemos aportado!
Y así podría seguir recordando, una a una, todas tus enseñanzas que si las he mal interpretado se debe a mi pasión porque sólo lo humano nos hace nobles y el amor a la humanidad y a la naturaleza es el único camino para ser trascendentes y acogernos a la idea de D-os. El resto son, en mi modesta opinión, maquillajes de nuestra indiferencia, de nuestra incredulidad real y de nuestro egoísmo que justifica pecar, en tanto dañamos al semejante y a la naturaleza, y luego rezar para terminar en empate. ¡Que me muestren otro camino que sí llegue a D-os –crease en él o no- distinto al prójimo, tú más cercana semejanza y a la naturaleza, tu entorno!

Si Raquel de mi corazón y de mi razón, sigo con tus enseñanzas empecinado en encontrar razones trascendentes en esta polémica que mantengo con D-os frente a su indiferencia con el destino guerrero e insolidario de algunos hombres. Cada vez comparto más con Ernesto Sábato que las religiones son la tumba de D-os… Y sí, alguna frase bíblica tomada sin historia puede devenir del pasado como coyunda esclavista del presente y el futuro de la humanidad. La ‘Tierra Prometida’ no puede convertirse en una entelequia, no divisible, que convierta a Israel y Palestina en la tumba eterna de una guerra fratricida. Si se lee sin apasionamientos nacionalistas la columna que escribí en El Tiempo creo, se debe concluir, que es la defensa del Estado y de los judíos en Israel… y de la dignidad de los judíos del mundo. El resto sería una pandemia de violencia que obligaría al Estado de Israel a utilizar su poder militar hasta eliminar a todos los árabes y musulmanes del Medio Oriente: el único camino que nos brinda la lógica, y sería el comienzo inmediato de la solución, es encontrar la convivencia en dos estados el de Israel y el palestino.Sí Raquel me abstuve conscientemente de meterme en las expresiones sucedáneas de la guerra como los cohetes, los hombres bomba, el terrorista árabe o el terrorismo, que otros llaman, de Estado, los muros, los bloqueos alimenticios y sanitarios etc., etc.. Porque no son sino síntomas y no las causas de un conflicto que no podemos seguir eternizando en el mundo, en beneficio de los complejos militares, de las violentas y corruptas dinastías árabes y de la sin razón humana que nos hace preguntar día a día si esto es la Obra de D-os.
Saludos al Rabino, a tus hijos y a todos los que aun me recuerden sin rabia en la comunidad. Ojalá estas notas no te produzcan más tristeza que mi columna, sino la necesaria afirmación en tus ideas para que continuemos la polémica.

CONVERSACIONES CON LAS FARC O CONVERSACIONES PARA UN ACUERDO DE PAÍS



Empieza a renacer la idea de una solución política del conflicto, ese conflicto que se ha hecho interminable e indefinible y en el que nos acostumbramos a vivir. Los cambios internacionales, la caída de los neocons en EU y en otros países, la limitación presupuestal que impone la crisis económica, los cambios nacionales que han descuajado el unanimismo uribista, privilegian soluciones que además de humanas, ponen el énfasis más sobre la política que sobre lo militar: son factores que, desde el ‘lado de acá’ de la democracia, el Estado y la ciudadanía, podrían estimular la solución política.
Pero ¿qué constituye hoy la solución política?, es la gran pregunta. Este campo, el menos cruento, quedo lleno de prejuicios y trabas después de los repetidos fracasos en las negociaciones con las Farc, especialmente la del Gobierno de Pastrana en el Caguán y también, porque no decirlo, desde el fracaso de los diálogos de exploración con el Eln en el Gobierno de Uribe. Estos fracasos de la solución dialogada son dificultades adicionales a la inercia y degeneración del conflicto. Parece que los trabajadores de paz han de replantear-superar esos ‘diálogos condenados al fracaso’, si quieren llenar de apoyo y hacer posible la solución política.

Porque ese camino exige como el que más el acompañamiento ciudadano, y por tanto, la pedagogía para lograrlo: Requiere que todos efectivamente entiendan y participen de la idea de la democracia contemporánea no únicamente como proceso de mayorías, sino como proceso colectivo de construcción de consensos, de transacción, de consideración-inclusión de los intereses de las minorías en los de las mayorías, como proceso en el tiempo. La democracia es así una cultura de la reforma, es gradualismo de evolución progresiva y no de “logros” obtenidos de golpe. Pero la cultura colombiana está llena de “la vía rápida” o del atajo. El consenso y la reforma son elementos escasos en nuestras costumbres políticas, tanto del Gobierno y por supuesto de la guerrilla. Sobre la visión maximalista y facilista de esta última no es necesario abundar, pues precisamente por esa “ignorancia” o simplismo –además del grado de descomposición que le imponen sus negocios- es por lo que están en el monte. Pero estos mismos males en un gobierno dentro de la democracia sí son una verdadera calamidad y el Gobierno del Presidente Uribe deja un fuerte sabor de total intolerancia. Se sabe que a su intransigencia frente a la guerrilla debe su elección y supopularidad, pero resulta difícil comprender porque sus propios triunfos militares los dilapida como posibilidades políticas para avanzar en una solución. Parece que ha asumido cualquier transacción como una rendición.Asumir una transacción –en cualquiera de los sentidos- como una rendición es un mal profundo en la política, que desvirtúa la esencia o naturaleza democrática de un gobierno y tiende a hacerlo autoritario. Si a cualquiera que exprese un disenso democrático el Gobierno del Presidente Uribe le da un tratamiento de enemigo, si a los ex Presidentes los trata como guerrilleros o como sus aliados y al resto de la oposición la excluye de cualquier consenso que no sea el de sumarse a la fila de sus áulicos, entonces creo que no es exagerado afirmar que es tremendamente difícil, sino imposible, pensar en una solución negociada del conflicto que sea factible con este Gobierno. ¡Si ha mostrado intolerancia ante el binomio gobierno-oposición e incapacidad para tranzar y consensuar con los sectores democráticos, qué podemos pensar de la negociación política del conflicto!.

La experiencia de los diálogos entre este Gobierno y el Eln, lo reafirma. Sin pretender hacer aquí el necesario balance, una mirada gruesa de esa experiencia permite sí adelantar que, a la falta de capacidad política y orgánica del Coce -que le impidió al Eln aprovechar la coyuntura y oportunidad de concesiones que el mundo exigía como balance equilibrador de la concesiones a los paramilitares y como ‘pioneros’ del camino político- se respondió por el Gobierno con maximalismos militares, suficiencia y acides en abundancia y demandas como la identificación y la concentración de cada guerrillero, cuando apenas si se construía la masa crítica de confianza necesaria a un proceso de paz. Lo que sobró fue actitud camorrista, aun incluso con los representantes de Noruega, Suiza y España, países fuertemente aprestigiados en el campo internacional como facilitadores para la paz. Si esto se manejó así con un grupo debilitado qué diremos en una negociación con las Farc, cargada de sentimientos y revanchas personales por el propio Presidente.Y señalemos que estas notas que pretenden otear una salida positiva no podrían estar inspiradas por una actitud oposicionista al Gobierno: partamos de reconocer que los avances en seguridad facilitarían una solución política. Que hay nuevas circunstancias estatales, de desarrollo económico y de expresión ciudadana en las marchas contra la guerra que favorecen una posible salida política. Pero la conducta real parece estar inspirada por la idea de que hay que liquidar a las Farc y luego en una suerte de negociación-capitulación sumar sus restos a la política gubernamental, que no necesariamente a la democracia, pues “aun desarmados pueden fortalecer la oposición”.
También necesitamos aproximarnos a qué pretenden las Farc en esta etapa. Un argumento que se esgrime por el Gobierno y también por analistas independientes es que las Farc buscan oxigeno o su reposición política. Con el debido respeto, eso no nos dice nada nuevo: aún actores no necesariamente políticos se mueven en la búsqueda de sus intereses, la más de las veces políticos, en la sociedad.

Más pertinente sería preguntar si esta oxigenación política busca legitimar la violencia que han ejercido hasta ahora con métodos como el secuestro, que puede llevarlos a convertirse, con los paramilitares, el escudo militar del narcotráfico, donde la política es la parte de la combinación de las formas de lucha con la economía del narcotráfico. Ya sabemos por la experiencia paramilitar que la política en ese caso es el interés real de un poder local y regional, complemento de corrupción necesario a la reproducción del narcotráfico y de su necesario poder en la periferia como alternativa al Estado de la democracia.
La verdad no creo que la nueva dirección del Secretariado todavía sueñe con llegar al poder por la vía armada, con una violencia desaforada contra la sociedad y el Estado, visión que primó en la época campesina de la dirección ‘rudimentaria’ de los ‘históricos’. Creo que hay que atrever hipótesis: en las Farc quedan sectores guiados por el realismo, comandados por Cano y el actual Secretariado que -manteniendo su vocación política y ‘hambre de poder’, parecería más bien que con este reposicionamiento político- buscan fortalecer su carácter de fuerza con capacidad para influir en la competencia democrática.
La ambigüedad de la política de las Farc puede tener, entonces, una doble lectura: lo que para el Uribismo ramplón es un pasivo, tal vez, puede ser el único activo para una realista solución política del conflicto. ¿Por qué? Porque todos sabemos y el sector de Cano seguramente lo sabe aunque lo calle, que nunca van a tomarse el poder, pero la ambición política puede ser justamente el recurso que queda -en una guerrilla autosuficiente económicamente pero altamente deficiente políticamente- para que una oferta generosa de favorabilidad política le dé a este sector el empoderamiento necesario para librar la discusión interna que constriña y deje sin legitimidad al sector narco-campesino, permitiéndole arrastrar a la mayoría de combatientes a una perspectiva de participación política de mayor calado que la que ofrece el poder local-regional, pero al fin periférico, de la economía del narcotráfico. Este escenario lleva el desafío de quién vencerá a quién dentro de las Farc y es sin duda, el mayor desafío de dirección del actual Secretariado de origen urbano.
La pregunta sigue siendo si podrán superar a tiempo la dinámica de la economía del narcotráfico en esa periferia en que están viviendo, que los puede hacer, cada vez más, un asunto marginal de la vida económica, social, política y cultural de los colombianos, quienes además los rechazan tan ampliamente que limita la misma posibilidad de la solución política. El desafío es si van a tener a quien convocar y dirigir en el momento esencialmente político de la negociación. Ya hay la experiencia de que esa capacidad se pierde frente a la realidad económica de los combatientes, como parecía ser el caso de la negociación del Eln: el Coce fungía como una armazón retorica frente a una narco federación de sus frentes.
Tres circunstancias, entonces, parecen necesarias para construir el terreno de una posible solución política del conflicto: La primera, la superación del hegemonismo autoritario de los neo conservadores colombianos. La segunda, que el estimulo a la solución política por la sociedad tenga una clara respuesta y reciprocidad de la dirección de las Farc: se ha contribuido a empoderarla, no sólo para deslindar campos frente al secuestro, frente a los sectores más vinculados a la economía del narcotráfico y a la corrupción, sino frente al mismo Gobierno. Y por último, y lo más importante, que este tipo de solución ha de plantearse, hoy día, más como parte de un gran acuerdo nacional de las fuerzas democráticas que como una mesa de negociación.
Ha de plantearse como parte de un consenso nacional para superar el hegemonismo, para superar la economía y la psicología-social de la guerra y del temor como falso instrumento de cohesión social, reemplazándola por una economía redistributiva del ingreso, que sea alternativa y sustitución real de los narco cultivos y base real de una seguridad humana y democrática, que recupere la esperanza, la ética y los valores esenciales de la democracia y de los derechos humanos, guías de la actividad política estatal y de una verdadera cohesión social.
Se trata más de construir un consenso por una nueva vida con la paz como principio rector de la democracia de un nuevo gobierno, donde las Farc inscribirían sus aspiraciones políticas y de desarrollo, que una mesa de negociación de mezquinas reivindicaciones del grupo armado, reivindicaciones que no son ciudadanas, y que ya no reconocen los colombianos. Ese consenso sería más bien un compromiso de construcción de Destino Común de País, en la batalla política y electoral, consenso que una vez construido, demanda una periodicidad en etapas y reformas, que deberían ser objeto de un análisis y programa especifico.
El rol pluripartidista o suprapartidista de “Colombianos por la Paz”, con su redoblada mesura y carácter nacional, podría ser un factor aglutinante de este consenso, si relieva su función convocante del país nacional y político, convocante de la comunidad internacional, al mismo tiempo que convocante de la guerrilla.